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 Asunto: Crónicas de Sangre.
NotaPublicado: 03 Nov 2013, 10:28 
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Nota preliminar: La identidad del protagonista, cuando se menciona, sigue oculta bajo el seudónimo “Somehow”. Su verdadero nombre atraería sobre él la no deseada atención de todos los cazarecompensas del Imperio Amarr.

Capíitulo 1: Pesadilla.

Mi amada, bajo mi capa, colgada de mi brazo, descendió conmigo hasta nuestras instalaciones sanitarias en Fageras X.
-Cada vez que te vas es como verte morir, -susurró.
-Por eso te pedí que te quedases en nuestros aposentos. Venga, despidámonos aquí, corazón mío.
-No. Prefiero seguir a tu lado cada minuto que sea posible. Deja que me quede hasta el final. Por favor.
A la luz de sus bellos ojos, al borde de las lágrimas, no pude evitar consentir.
La fría cámara criogénica, con un vaporoso siseo, se abría ante nosotros poco después. Los auxiliares médicos de Caldary, que nos seguían prestando servicio desde nuestro destierro, comenzaron a pulular a nuestro alrededor en sus blancas batas. Tras desprenderme de mi capa y cerrarla sobre los hombros de la joven, me separe de ella y extendí los brazos. Dos asistentes retiraron mi túnica y quedé desnudo nuevamente. Mis implantes, un costoso set dedicado al estudio, no eran visibles. Pude aún captar el dulce olor que nuestra apasionada despedida minutos antes había dejado sobre mi piel. Me introduje en el nicho sin dejar de mirar a mi amada, quería llevar conmigo el recuerdo de nuestras últimas horas juntos. Consciente de ello, Hiroe se esforzó en sonreír, pero se le escapó una traicionera lágrima.
-Volveré muy pronto mi amor. No estés triste, –le pedí mientras me tumbaba.
Ella asintió sin poder ya decir más. Un auxiliar fijó la máscara respiratoria sobre mi rostro y comencé a perder la consciencia. Poco a poco, la vida abandonó mi cuerpo hasta que éste yació inerte en el receptáculo, repleto de parpadeantes luces e indicadores. La joven lloró ya libremente, mientras uno de los asistentes le entregaba mi túnica.
-El salto clonar se ha completado con éxito. Mi Dama, debemos ahora sellar la cámara criogénica. Os ruego volváis a las dependencias superiores.
-No, -le contestó Hiroe, tratando de recobrar su habitual entereza, -aguardaré aquí su regreso. Preparad los aposentos adyacentes.
El personal a sus órdenes se dispuso a acatar su mandato.

En ese mismo instante, a miles de años luz de distancia…

Todo era oscuridad en el núcleo de la vieja estación espacial de Z3V-1W. Sentado frente a los controles de la cámara criogénica, adormecido, un asistente de los Blood Riders cubría su turno de guardia. Cuando el primer indicador se encendió, creyó por un momento estar en mitad de una pesadilla. Pero no era así, el cuadro de mando comenzó a parpadear secuencialmente en diferentes puntos cobrando vida. La pauta era correcta y la pesadilla real.
-Excelencia, El Amo ha vuelto, -anunció asustado por el comunicador.
-Alabado sea, y que Dios nos proteja, -fué la contestación del jefe médico, que se apresuró a bajar hasta la cripta.
Cuando llegó, encontró ya al resto del personal sanitario allí, frenéticamente dedicado a sus tareas. Retirado el sellado de la cámara criogénica entre siseantes vapores, el sarcófago quedó expuesto bajo la tenue luz reinante. Todos miraron expectantes su interior, mientras mi vieja vida era insuflada en un nuevo clon.
-Seguiremos los pasos del ritual sagrado, -ordenó el jefe médico.
Una vez recuperada la consciencia me incorporé de un salto entre ahogadas exclamaciones y murmullos, retirando con ira yo mismo la máscara que alimentaba mis pulmones. Mis implantes de combate brillaron a la roja luz de los indicadores encendidos, allí donde la piel no los ocultaba. Toda la habitación olía a sangre.
El jefe médico se aproximó a mí portando una vasija.
-Tomad y bebed, oh Amo, pues es esta sangre de la alianza que será derramada por…
Mi nuevo cuerpo reaccionó con agilidad felina y aprisioné el cuello de aquel ser inferior antes de que pudiese terminar sus palabras.
-No hay tiempo para entupidas ceremonias. ¡No estaré entre vosotros ni un segundo más de lo que sea imprescindible!
No siendo aún capaz de dosificar la fuerza que la cibernética me otorgaba ahora, las cervicales del pobre infeliz crujieron entre mis dedos. Arrojé el cuerpo sin vida lejos de mí al tiempo que un nuevo asistente, extendiendo unas ropas, reclamaba mi atención. Su rostro era una mueca de terror.
-¡Oh, Gran Alabado! Permitid a ésta humilde túnica cubrir vuestro sagrado cuerpo…
-Traedme mi uniforme de vuelo enseguida, me uniré a la flota inmediatamente.
-Oh, pero aún debéis reponer fuerzas tras vuestro advenimiento, mi Amo…
Apartando de un brutal golpe al acólito de los Blood Riders, que salió despedido contra la pared, continué mi camino hacia la salida de la oscura cámara. Malditos piratas fanáticos, pensé. Paladines merecía mejor asentamiento en doble cero que aquella infame estación.
Una vez debidamente ataviado, me dirigí a nuestro hangar corporativo. Al pie de mi flamante Crusader esperaba ya su dotación, dos artilleros y dos navegantes, todos verdaderos amarr, leales y eficientes, a diferencia de los corruptos sirvientes que nos atendían, sangrientos fanáticos alejados de la religión imperial. Abordé la nave en silencio seguido de mis hombres e iniciamos el protocolo de despegue.
-Bienvenido, Some, -era la voz de Vagoh en el comunicador principal.
-Como esta la cosa, camarada.
-Pues hará un buen rato ya que entro un gang como de 50 hostiles, pero siguieron ruta hacia UHK. Allá se las entiendan con los Princeps.
No pude reprimir una sonrisa mientras mi interceptor caía al vacío bajo la estación estelar.
-Dame órdenes, -pedí.
-No más comprueba que no tenemos a nadie en A-ELE o en 1DH. Tal vez esté la noche tranquila. Yo aquí ando con Arquero en los asteroides.
-Recibido. En ruta a 1DH.
-Cuando Xiib se conecte, se va a hacer una salida.
-Estupendo.
Comenzó así una dura jornada de vuelo, pasando cada nueva hora en deseos de abrazar la muerte, sabiendo que, si mi cápsula de escape era destruida por el enemigo, habría de despertar junto a mi amada. Pero la pesadilla continuó hasta el final y fueron nuestros oponentes quienes conocieron la derrota.
Finalizados mis deberes militares y tras dejar de nuevo el Crusader al cuidado de sus tripulantes, abandoné el hangar directamente hacia la sección clínica de la base. Allí me aguardaba un nuevo jefe médico, que con una reverencia se dirigió a mí sin osar mirarme. El miedo acentuaba sus palabras.
-He de rogaros, oh, Gran Alabado, que demoréis aún vuestro salto clonar. Se han cumplido apenas las 24 horas de rigor…
-Tal vez deba consultar la segunda opinión de otro jefe médico, si bien para ello será conveniente que sigáis el destino de vuestro predecesor, -sugerí.
-No… no será necesario… iniciaré los preparativos de inmediato, oh Amo, -acertó a balbucear el adepto Blood Rider bajo mis amenazas.
Poco después volvía a tumbarme en el interior del nicho criogénico de la lóbrega cámara que antes me viera volver a la vida, esta vez, para morir una vez más. La pesadilla termina ahora, pensé, y con esa última idea perdí la consciencia de nuevo.
Finalizadas sus tareas poco después, los acólitos se retiraron y sellaron el habitáculo. Tras el sisear de los gélidos vapores todo quedó en silencio, mientras, un temeroso asistente volvió a ocupar su puesto frente al viejo panel de control, donde ninguna luz brillaba ya.

Capitulo 2: Despertar.

De nuevo aquel olor…
La sangre empañando el visor de mi respirador…
No podía estar despertando nuevamente en Z3V, si no en Fageras, sentía la ausencia de mis implantes de combate en mi cuerpo, pero al incorporarme del nicho no encontré el amable auxilio de mis asistentes. No supe de ellos hasta que libré mi rostro de la máscara respiratoria y pude verles en torno a la estancia, derrumbados frente a los controles o tumbados en el suelo, las blancas batas bañadas en su propia sangre, que aún goteaba fresca o se extendía bajo los siseantes vapores que me rodeaban.
Y sin embargo, toda mi atención estaba puesta en el hombre que se alzaba ante mí, un amarriano de mi estatura, encapuchado y empuñando la espada electrificada de combate que sin duda había acabado con la vida de mis hombres. Un maestro duelista, por la forma en que empuñaba el arma, si bien la matanza que acababa de ejecutar no dejaba por sí misma lugar a dudas.
-Tus esclavos eran en extremo leales. Se han dejado matar antes que abortar el salto clonar de su amo. Encomiable.
-No escaparás con vida, -le amenacé entre dientes.
Su espada subió con un zumbido hasta mi cuello.
-¿Tan seguro estás? –replicó retirando su capucha.
Mi estupor ante su rostro no pudo ser mayor, siendo, como era, idéntico al mío.
-¿Tanto te sorprende? Para conseguir tu ADN bastó con revolver un poco tus aposentos de palacio. Me ha llevado meses acostumbrarme a este clon y reproducir tu voz con naturalidad, pero, una vez termine la misión, podré recuperar mi propia vida y retirarme con honores.
Aquel hombre, con mi entera apariencia, era en realidad un miembro de Lealtius, el escuadrón de asesinos secretos al servicio del Emperador. Nadie había sobrevivido para atestiguar de su existencia, de la que muy pocos sabíamos en Amarr.
-Será un honor derramar sangre de la familia imperial. Prepárate a morir.
Cerré los ojos, no sin antes cerciorarme de la posición exacta de la hoja electrificada bajo mi cuello, con una resignación que el asesino tomó por cierta.
Así pues, cuando escupí rápidamente sobre la espada, el chisporroteo distrajo lo suficiente a mi atacante como para que lograse propinarle una potente patada en el abdomen que lo separó de mí. Gozaba de buena agilidad en mi desnudez, pero mi fuerza no era sobrehumana ahora y mi adversario se recompuso inmediatamente. Logré sin embargo saltar fuera del nicho criogénico y parapetarme tras un asiento vacío. No había escapatoria en cualquier caso, pues seguía a espaldas del asesino la única salida de la cámara, sobre la que en ese instante vi que comenzaba a parpadear una luz.
Decidí entonces arrojar la silla a mi atacante, quién describiendo un amplio arco con la espada destrozó en el aire el voluminoso objeto, produciendo con ello una lluvia de chispas y restos de metal. En el estruendo resultante nos fue imposible escuchar como la puerta se abría al fondo. Inmediatamente me arrojé al suelo.
-Esperaba algo más digno, pero ya es suficiente, -sentenció mi agresor alzando de nuevo su arma. A continuación, una ráfaga láser se abrió paso centelleando sobre su pecho. El asesino cayó muerto junto a mí, con mi propio rostro mirando hacia atrás de reojo, en una mueca de incredulidad.
Al incorporarme pude ver a Einar Matveinen, que avanzaba entre los cadáveres empuñando su alargado blaster deportivo, con el que no dejaba de encañonarme.
-Ahora estamos en paz, -comenzó con aire sombrío.
-Einar, no te entiendo.
El intaki alejó la espada de nosotros de un puntapié.
-Hace apenas una hora te aproximaste a mí y a modo de saludo me decapitaste con esa espada. Acabo de perder un set de implantes que vale millones, maldito seas, este es mi clon médico, que conservo por fortuna actualizado aquí en Fageras.
Efectivamente, mi amigo vestía una bata verde con el emblema de las instalaciones sanitarias de la base.
-Deberías tenerlo en KFIE, como todos…
-Ya, pero no se lo vamos a decir a Ruyman, ¿vale? además, gracias a ello he logrado ahora sorprenderte, o salvarte, de hecho no lo sé… dime… ¿Qué Somehow he matado, al bueno o al malo?
No había un solo atisbo de humor en su pregunta.
-Acabo de saltar desde Z3V, no llevo ropas. Tu atacante portaba esa túnica, ¿no es cierto? –argumenté seriamente preocupado.
-Nada de eso me convence. Un hombre armado puede obligar a otro a intercambiar vestiduras. Y las armas también pueden cambiar de mano durante una lucha. Has de decirme algo que sólo tú y yo podamos saber, -replicó sin dejar apuntarme con el blaster.
-Estás enamorado de Toguri Iva.
-Eso, mal que me pese, es público y notorio. Un asesino lo investigaría.
-Maldición, Einar, ¡pregúntame tu algo!
-¿Cúal es el nombre completo y exacto de nuestro personaje de ficción favorito?
Una sonrisa asomó a mis labios, por primera vez en los últimos dos días y a pesar de la desolación que nos rodeaba.
-Es Roy Batti, terminado con doble “t” e “i” latina.
Una mirada de alivio brillo en los azules ojos del piloto intaki.
-Te ruego que me perdones, Some, estaba a punto de dispararte, realmente, -confesó guardando el arma bajo la bata. Yo busqué otra prenda idéntica para mí y me vestí con ella.
-Me has salvado la vida, Einar. Seguro que mi clon médico está ahora mismo desactivado. Debemos alertar a nuestro personal en KFIE.
Mi compañero localizó un intercomunicador y, retirando el cadáver junto al mismo, comenzó a contactar con el personal de Paladines tanto en Fageras como en doble cero e Imperio, empleando los canales de más alta seguridad. El recuerdo del pasado atentado en Nonni volvió a mi memoria.
-Einar, debo localizar a Hiroe, inmediatamente.
-Un pelotón de Marines está en camino. Puedes hacer uso de ellos para que te escolten. He localizado a Zaalbar, está encerrado en una de tus habitaciones del nivel superior. Hiroe se alojaba en los aposentos adyacentes, pero ya no está allí. Y tengo registrado tu acceso hace dos horas a esas instancias... Aquí consta también que abandonasteis juntos esta sección de la base poco después!
-Ella de seguro sabía que ese clon no podía ser yo. Esperaba mi último salto clonar, seguro que incluso contaba los minutos ¡y aún era demasiado pronto!
-Enciende ese visor, -ordenó mi amigo señalando una proyector holográfico salpicado de sangre. Obedecí. –He encontrado un archivo grabado por Hiroe para ti.
En el visor, bajo un borrón sanguinolento, apareció el rostro de mi amada, la mirada baja y una expresión de dolor que no le conocía desde nuestra vida en palacio. Hiroe comenzó a hablar:
-“Amor mío, cuando veas este holograma ya habré partido hacia mi destino. Por favor, no intentes seguirme. He de abandonarte para siempre, así tu vida y la de tus compañeros no volverá a correr peligro. Mi insignificante vida es leve precio a pagar por ello. El enviado del Emperador tiene órdenes de aniquilarnos a ambos a menos que yo acepte regresar a Amarr para someterme a la voluntad de su amo. Nunca debimos desafiar su ira, amor. Gracias por todos los días de dicha y libertad que has sabido darme a tu lado. Guarda ese recuerdo, pero olvídame ahora. Adiós”
Los Marines invadieron entonces la cámara criogénica tomando posiciones a nuestro alrededor. Yo seguía sin embargo ajeno a todo, con la última mirada de Hiroe congelada sobre el panel de control, tras su despedida. Einar dió algunas indicaciones a los soldados y después volvió a la consola de comunicaciones a mi izquierda.
-Tengo registrada una shuttle pilotada por Takahashi, Hiroe, que abandonó low-sec hace una hora. No se me ocurrió buscar antes en los registros del hangar. ¿Hiroe sabía pilotar?
-Yo mismo le enseñé, hace poco tiempo… quería ayudar a Paladines, devolver cuanto se hacía por ella… su sueño era volar una simple Osprey y minar en Ikao para CUPEN… trabajo de esclavos, le decía yo y ella reía y reía, porque era libre para hacerlo, por propia voluntad, por gratitud, por amor…
Mis manos trataron de ocultar mi llanto cuando mi faz se hundió en ellas, pero me delataba el temblar de mis hombros, sobre los que Einar trataba de decidir si posar o no su diestra.

Capitulo 3: Revelación.

Cuando todos entramos en la sala de conferencias encontramos al fondo a nuestro CEO revolviendo los papeles sobre el atrio principal. Ví en el suelo uno de ellos, un dibujo en negativo de la cabeza de un sabueso terráqueo, con la palabra “Navy” en rojo escrita encima. Me aproximé a él, pues, como habíamos convenido previamente, ambos tendríamos que hablar desde la presidencia de la sala durante la sesión.
-¿A tí también te gustan los animales de presa, Ruy? Pensaba que Zaalbar no te era simpático, –le pregunté recogiendo el folio. Nuestro líder me lo quitó de las manos antes de que se lo entregara yo mismo. Sumidos en sus propias conversaciones, el resto de miembros de Paladines fue tomando asiento en torno a la amplia mesa de reuniones.
-Pues si, si me gustan, estooo… voy a ver si me hago con uno.
-Pero ponle otro nombre, “Navy” es un poco raro ¿no?
-Bueno… a lo que vamos, a ver si empezamos ya…
Las puertas se cerraron detrás de los últimos asistentes en ese momento, y Ruyman comenzó.
-Creo que ya todos estamos al corriente de lo sucedido esta mañana. En el fallo de seguridad en las instalaciones médicas de Fageras X sólo operó un agente, que Einar Matveinen ha eliminado. El asesino no necesitó cobertura alguna al haber asumido la identidad de un miembro de nuestra corporación. Pero al mismo tiempo, un acólito de los Blood Raiders bajo soborno a cometido sabotaje en nuestra reserva clonar en la base de KFIE. El responsable ya ha sido detenido, interrogado y también ajusticiado. Su testimonio sin embargo ha de ser puesto en conocimiento de todos. Tratando de inutilizar el clon médico de Somehow, pero no sabiendo cual era, éste individuo ha introducido un virus letal en todos los clones médicos de Paladines estacionados en esa base.
Tal anuncio provocó numerosas exclamaciones de sorpresa.
-Calma por favor, -pidió el CEO. –Antes de que me lo preguntéis os confirmo que en menos ya de 24 horas nuevos clones estarán disponibles para todos. Hasta ese momento, queda suspendida toda actividad militar oficial de Paladines, ya que, si alguno de nosotros pierde la vida en estos momentos, lo hará definitivamente.
-No voy a dejar el alcohol por sólo 24 horas, -afirmó Camperman.
-Si, pero cuidado con caerse por las escaleras, compadre, -bromeó Vagoh.
-Y nada de broncas en el club, chicos, -añadió Noemar con sorna.
-Check, check, check, -cortó Frenchiastur, como si estuviésemos en flota. –Que Ruyman no ha terminado.
-En realidad si. Pero para esclarecer los motivos de todo lo sucedido cedo ahora la palabra a Somehow.
Retirando mi capucha, avancé hasta el atrio mientras nuestro líder tomaba asiento detrás de mí. Los rostros de todos mis hermanos de armas se volvieron hacia mí.
-Queridos compañeros. Quiero empezar rogando vuestro perdón por el peligro en el que os he puesto a todos a causa de un enemigo personal. Ya en Nonni fue así, como muchos sabéis, creo…
-Nada mejor que pegar unos tiritos por la base de vez en cuando, Some, -argumentó Xiib.
-Y además a piratas del peor security status, moooola –añadía DavidMe.
Neon, nuestro director general, se puso en pié.
-No merece disculpa, hombre, ni lo de nuestros clones hoy tampoco, y creo que hablo por todos. –El asentimiento general corroboró sus palabras, de forma que el aguerrido piloto caldari continuó. –Aún así, muchos no sabemos quién se ha tomado tantas molestias en hacerte la vida imposible… ¿nos lo puedes decir ahora?
Su pregunta volvió a centrar en mí todas las miradas.
-El hombre detrás de cuanto ha pasado no es otro que el propio Emperador Amarr, Heideran VII.
Para mi sorpresa, la mayor parte de los pilotos no parecía excesivamente impresionada por mi revelación. No hay enemigo lo bastante terrible para amedrentar a un miembro de Paladines.
-Pues nada, le declaramos una guerra o algo, -bromeó DavidMe. Sin embargo ninguno de los presentes dejó escapar otro comentario jocoso. –Vale, tíos, no me matéis, -rectificó el joven minmatar.
-No me tientes, nene, que sería definitivo, -terció Camperman. Era la segunda broma que no lograba sino enrarecer más el ambiente.
Nuestra Co-CEO tomó la palabra.
-Hay poco que Paladines pueda hacer entonces, -aseguró.
-Por eso he señalado que queda suspendida toda actividad militar oficial de Paladines. –Apuntó Ruyman a mi espalda. –Continua, Some.
Agradecí con un leve gesto la intervención de mis superiores y retomé la palabra.
-He decidido enfrentarme a mi enemigo y terminar con esta situación. Para ello debo tratar con el Emperador directamente y sin testigos. Cuento con la suficiente información y medios como para burlar la seguridad imperial y llegar hasta su alta presencia. Pero no podré tener éxito en mi plan sin vuestro auxilio.
Muchos de mis compañeros trataron de tomar la palabra para ofrecerse en mi ayuda, pero antes de que pudiesen hablar, accioné los controles de la sala y las luces se apagaron. En el centro de la mesa se proyectó el colorido holograma de un frondoso planeta girando sobre su órbita.
-Este es Amarr Prime. El palacio Imperial se encuentra en su hemisferio Norte, no lejos del ecuador, bajo un escudo de energía. -La posición del enclave parpadeo en rojo sobre el holograma. -Cada hemisferio del planeta está guardado por una flota comandada desde una nave capital tipo Titan. El Avatar Imperial “Holocaust” cubre expresamente el cuadrante de palacio. –Todas las gigantescas naves espaciales y sus escoltas aparecieron igualmente orbitando el esférico holograma.
En la oscuridad, comenzaron algunos murmullos, pero nadie me interrumpió.
-Cualquier flota en aproximación a cualquier punto del planeta será interceptada y destruida antes de confirmarse sus intenciones. Pero una pequeña flota de naves rápidas en perfecta aproximación ecuatorial generará inmediatamente un problema de competencias entre los almirantes de ambas flotas. –Un diminuto grupo de puntos azules surgió entonces parpadeando y acercándose rápidamente a la esfera. –Cuando la amenaza sobre el palacio imperial sea por fin claramente establecida, no quedará ya ocasión para intervenir y el Holocaust sólo tendrá tiempo para hacer uso de su Doomsday…
Llegados los puntos azules muy cerca del planeta, una cegadora luz blanca partió de la nave capital hasta inundar toda la sala. El holograma desapareció entonces y las luces normales se encendieron.
-Ese será el fin de la incursión –comentó la Princesa Talim mientras sus bellos ojos parpadeaban repetidamente.
-Será su comienzo. –aseguré. La atención de todos volvió a mi persona. -Reducidas a polvo nuestras naves, las cápsulas de pilotaje podrán abordar la atmósfera planetaria y precipitarse sobre palacio.
-¿Puede una cápsula soportar una entrada atmosférica? ¿Se ha hecho antes? -preguntó Arkuat incrédulo.
-Si, ha ocurrido a veces, por accidente. –Comentó Einar pensativo, como tratando de recordar. -En algunos casos las cápsulas se desintegraron en el aire, en el resto, el impacto contra la superficie planetaria las ha destruido. Nunca se logra salvar al piloto, en cualquier caso.
-Si en este, -insistí. -El escudo de energía que defiende al palacio de cualquier bombardeo planetario catalizará la reentrada de las cápsulas. Una vez dentro del complejo, podré localizar a Heideran en el caos resultante. Pero al menos cinco cápsulas deben impactar en el área para generar la distracción necesaria para ello.
-Es un auténtico suicidio, Some. Comienza a gustarme, -aseguró Camperman sonriente, -¿Para cuando la masacre?
-Mientras hablamos se está trabajando en nuestros hangares en la modificación específica para esta operación de cinco fragatas tech uno. Estarán listas en una hora.
-¿Y por que no esperar a que nuestros clones médicos vuelvan a activarse? Ejem, sólo por precaución… -preguntó Frenchi, movido como siempre por su extrema dedicación y preocupación por las vidas de los demás.
-Para entonces el fracaso del agente imperial será patente y en palacio estarán prevenidos. –Vacilando por un instante, decidí finalmente no mencionar el motivo que con mayor urgencia instigaba mis acciones: Hiroe. –Es ahora o nunca, -concluí.
Ruyman se puso en pié y se unió a mí en el estrado.
-Somehow nunca pediría voluntarios para algo así. Y, desde la directiva de Paladines tampoco. Yo voy a tomar una de esas fragatas a título personal. Si alguien más desea sumarse a esta incursión debe anunciarlo ahora, pero tened presente que no puede garantizarse la supervivencia de ninguno de los que participamos en esta operación. No hay clones a los que saltar si sufrimos bajas, como es muy probable que suceda.

El silencio se adueñó de la sala.

NdA: Se adjunta a continuación el post original en el foro de Paladines que se empleó para continuar esta crónica con la participación de sus jugadores más roleros. Por desgracia no se conservan las numerosas y magníficas respuestas que todos aportaron.

Bueno chicos, os toca mover ficha. Si alguno quiere participar en el próximo capítulo de las Crónicas de Sangre, por favor que se ofrezca para la misión y responda en este hilo. Cuanto más os curréis la respuesta, más posibilidades de entrar en el relato.

Pero ojo, el riesgo de participar es real: Uno de los integrantes de la expedición va a palmar de manera permanente y definitiva. Le puede tocar a cualquiera (de hecho tiraré un dado para seguir la historia) así que ateneos a las consecuencias si igualmente no salís más en las crónicas. Que la suerte os acompañe!

Somehow

_________________
1-Crónicas de la luz:
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2-Cónicas de Sangre:
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Última edición por Somehow el 03 Nov 2013, 10:35, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Crónicas de Sangre.
NotaPublicado: 03 Nov 2013, 10:28 
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Capítulo 4: Primera sangre.

Bajo el azul resplandor de la puerta de salto, las seis pequeñas fragatas abordaron el sistema Amarr, en el corazón del Imperio. Sin armamento, a primera vista parecían inofensivas naves tech uno, pero gracias a sus módulos y rigs, estaban dotadas de potentes sistemas electrónicos de camuflaje y eran capaces de alcanzar velocidades impensables para su clase, a pesar de estar tripuladas únicamente desde nuestras cápsulas de salvamento, equipadas y modificadas a su vez para un asalto terrestre.
Ruyman, comandando la flota, hizo warpear a todas las naves hasta el décimo primer campo de asteroides del planeta Oris. Una vez allí, las naves buscaron abrigo entre las gigantescas formaciones rocosas y activaron sus dispositivos de ocultación. El firmamento volvió a quedar aparentemente desierto. Nuestro comandante abrió los canales de comunicación.
-Acelerad todos encarando a la octava luna de Oris. Intentad que las piedras no os rompan el campo de camuflaje. Confirmar la maniobra para salto conjunto al objetivo.
-Somehow, encarado y listo.
-Hida, más listo que tu.
-Talim en posición.
-Camper, encarado y acelerado.
-David encarado con buena cara.
Ante la gravedad de la situación, el veterano líder no se permitió una simple sonrisa.
-Iniciando warpeo de flota. En destino todos a máxima velocidad hacia el punto de asalto. No importa lo que veáis ni lo que pase, ignorar canales de radio, fuego enemigo, bajas propias. Una vez en cápsula mantener vector de entrada a toda velocidad. Suerte.
Mi nave acusó con una sacudida el warpeo hacia Amarr Prime. En el trayecto pude ver que la fragata de Ruyman nos seguía retrasada a bastante distancia. Abrí inmediatamente un canal privado de comunicación con nuestro comandante.
-¡Ruy, no puedo creer que hayas decidido quedarte atrás a cubrirnos las espaldas!
-Un asteroide se interpuso en mi trayectoria justo antes del salto de flota, mi nave aceleró más tarde y se ha distanciado por ello. No estoy tan loco, Some.
-Empezamos mal, -declaré preocupado.
Segundos después, las primeras cinco fragatas desaceleraron sobre el eje ecuatorial de Mikew, como también era llamado Amarr Prime. Sin embargo, la armada imperial ya había detectado el conjunto de nuestra flota, por lo que, aún antes de que la nave de nuestro líder nos alcanzara, todos recibimos los mismos mensajes de radio.
-Les habla el Almirante Crayion de la Flota Imperial Prime Norte. Reduzcan su velocidad de inmediato y prepárense para ser abordados.
-Les habla el Almirante Bassaar de la Flota Imperial Prime Sur. Reduzcan la velocidad de su nave y prepárense para ser abordados.
Aquel instante era el comienzo de nuestra coartada protocolaria. Una discusión sobre competencias entre dos pomposos almirantes amarrianos podía prolongarse no ya varias horas, incluso durante días. No recibimos de hecho nuevas advertencias mientras nuestras fragatas avanzaban a toda velocidad hacia el planeta. La nave de Ruyman aceleró en último lugar.
El sol hacía resplandecer frente a nosotros Amarr Prime, que fue ocupando por completo nuestro campo de visión conforme nos lanzábamos sobre él. De súbito, una gigantesca sombra devoró el sol cayendo sobre la escuadra. La ausencia de scanner en nuestras naves, substituido por otros componentes esenciales, motivo que nuestro primer contacto con el Titan “Holocaust” fuese visual. La gigantesca nave capital comenzó a tarjetearnos.
-Al habla de nuevo el Almirante Crayion. Detengan su nave o serán abatidos en el acto. Último aviso.
Las enormes torretas del Avatar aún no habían logrado cerrar sus blancos sobre nuestras diminutas y veloces fragatas cuando reconocimos bajo nosotros la silueta del palacio imperial. Pero aún estábamos lejos de la atmósfera, a pesar de que los micro impulsores de cada nave amenazan con desintegrarse debido a la sobrecarga a la que todos les sometíamos.
De repente, cuanto existía a nuestro alrededor sucumbió a la luz. A pesar de ser esperado, no pudimos evitar sufrir con terror los efectos del más devastador arma conocida en la galaxia y que supuso la destrucción de todas nuestras naves. El uso de la fuerza bruta no había sido nunca susceptible de debate alguno en el seno de la flota amarriana. Ni por un segundo.
Nuestras capsulas volvieron a ser objetivo de las torretas laser del monstruoso Titan mientras salíamos de nuestro aturdimiento y volvíamos a precipitarnos sobre Mikew, hacia dónde la residencia del Emperador se destacaba. La capsula de Ruyman seguía retrasada.
Pronto, los datos de mis indicadores electrónicos cambiaron y, en lugar de cifrar distancia al objetivo pasaron a dar una lectura de altitud en vertiginoso descenso. Pude sentir el vértigo de la caída a pesar de la suspensión hidráulica de mi cápsula.
-¡Confirmar reentrada! –pedí por el canal de flota.
-Yo también estoy cayendo, -aseguró Camperman.
-Talim en caída atmosférica.
-Hida igual, esto va tela de rápido…
-Y ahora yo, -añadió David.
Sobre nosotros un destello amarillento cruzó el cielo.
-El Avatar me ha colado una ráfaga, chicos, mi cápsula entra sin escudos, -informó Ruyman. Un negro presagio estremeció mi corazón.
-Todos hemos perdido escudos al abordar la atmósfera, Ruy, no pasa nada, pero... ¿te han tocado el armor?, -pregunté.
El veterano comandante tardó en contestar.
-Si, levemente…
Ví como todas las cápsulas se alineaban cayendo en paralelo a la par que sus bases enrojecían. La masa de energía conformando el escudo sobre el palacio propició la desaceleración necesaria para la reentrada de nuestros módulos de salvamento, pero el armor comenzó a bajar y la temperatura interna se duplicó de golpe. La cápsula de Ruyman, por encima de las demás, comenzó sin embargo a arder.
-Chicos, no lo voy a conseguir. Esto revienta. Ha sido un honor comandaros en cada operación. Paladines queda también en buenas manos, seguid adelante. Entro en estructura. Doy la vida de mi último clon por un amigo y compañero; Some, no puedo pedir más, gracias por darme esta oportunidad. Ruyman out.
Envuelta ya en llamas, la cápsula de nuestro CEO comenzó a desintegrarse ante nuestros ojos hasta convertirse en una sencilla estela de humo rodeada de cenizas e insignificantes fragmentos incandescentes que desaparecieron en la nada.
-No puedo creer que esto esté pasando, -la voz de Camper fue un susurro en el canal.
-El FC ha caído, -confirmó la Princesa Talim tratando de dar un tono marcial a su propia aflicción.
-Venga, va, nos vemos abajo, -cortó Hida.

Capítulo 5: Segunda sangre.

La humeante cápsula de Hida Junei, ya en estructura, atravesó el techo del complejo palaciego en una explosión de cascotes y escombros, pero debido a su velocidad, aún descendió dos niveles más dentro del edificio. Cuando por fin se detuvo, bruscamente incrustada en el seno de la ostentosa construcción amarriana, su ocupante se liberó de la suspensión amniótica y se equipó para abandonar el receptáculo, que se abrió a una habitación en completa penumbra.
El piloto Jin Mei, blaster en mano, evitó los restos en torno a su maltrecha capsula y se adentró en la oscuridad buscando una salida. La sala era amplia pero de bajo techo. Al fondo de la misma, Hida distinguió una serie de puntos rojos luminiscentes que parecían bailar emparejados en las tinieblas. Un siniestro gruñido le reveló la naturaleza de aquella aparición que se abalanzaba sobre él. Sin pararse a buscar un blanco, el galente abrió fuego ante sí frenéticamente. A la luz del arma laser, los sabuesos esclavistas amarrianos por fin fueron visibles.
Afortunadamente, los primeros ciegos disparos del piloto alcanzaron a dos de los animales, pero otros dos lograron cerrar sus fauces en torno a su pierna y antebrazo derechos. Cambiando rápidamente de mano su blaster, Hida disparó a quemarropa sobre sus atacantes mientras caía al suelo. La cabeza del animal sobre su brazo desapareció en un estallido de huesos y sangre, sin embargo, una vez también muerto el sabueso que atenazaba su pierna, el piloto, dejando escapar un grito de dolor, hubo de separar con ambas manos las mandíbulas de la bestia para liberar su maltrecha extremidad.
Uno de los primeros sabuesos en ser alcanzados aún se arrastraba con vida rugiendo hacia él, por lo que el galente aún hubo de hacer nuevos disparos antes de que todo volviese a quedar en silencio. En ese momento, el suelo de la cámara sucumbió al reciente impacto y con un estruendo, la cápsula se hundió un nuevo nivel.
Maldiciendo su suerte, Hida atendió sus heridas apresuradamente y recorrió después las paredes de la sala buscando de nuevo una salida. Pronto dio con un panel de control que le permitió iluminar la habitación, revelando los cadáveres de los cuatro sabuesos que acababa de abatir, así como los restos de otros tres bajo los escombros que rodearan su cápsula. También apareció junto a él una puerta, que abrió con cautela.
Un largo pasillo, bañado en amarillas luces de alarma, se extendía más allá de la sala; cojeando, el piloto tomó una dirección al azar. En la megafonía del complejo sonaba repetitivamente un mensaje de alerta. Tras una próxima bifurcación sorprendió a una pareja de guardias imperiales, que corrían hacia su posición y que pudo aniquilar antes de que usaran sus armas. Sobre la pared del siguiente corredor halló una terminal informática que se dispuso a vulnerar. Descubrió así que estaba en las dependencias subterráneas de palacio, cerca del ala dónde se custodiaban a prisioneros y esclavos. Sabiendo que el objeto de la operación era en su caso causar el mayor caos posible, Hida decidió que liberando de sus celdas a los prisioneros cumpliría holgadamente su cometido.
De camino pues al bloque prisión, dejando tras de sí continuos restos de sangre, el galente no encontró oposición armada. De hecho los corredores estaban desiertos. Pensó que tal vez se le buscaba en el nivel inmediatamente inferior al que ahora recorría, dónde su cápsula había terminado estrellándose. Pero la ilusión de tales pensamientos se esfumó al escuchar el eco de unos potentes disparos provenientes de la dirección que había tomado. Asomándose con extrema precaución a un nuevo pasillo, pudo ver a un parapetado grupo de guardias que, mientras vaciaban sus cargadores hacia el otro extremo del mismo, le ofrecían la espalda. El Jin Mei, sonriendo con malicia, se tomó su tiempo para apuntar cuidadosamente y volar la cabeza a uno de los guardias. Estos no descubrieron inmediatamente a su nuevo atacante, por lo que Hida, también a placer, pudo dar muerte a un segundo amarriano, momento en el que estos se percataron de su presencia. Aún logró impactar de lleno en un guardia más mientras sus compañeros se volvían para hacerle frente. Sin embargo, en ese momento, el fuego proveniente del otro extremo del corredor se acrecentó y los supervivientes fueron igualmente abatidos por la espalda.
Cuando el piloto galente volvió a asomarse, vió sobre el parapeto enemigo el conocido rostro de un piloto minmatar que sonreía bajo sus estilosas gafas Rayban.
-Mira tú por donde, el niño.
-Mira tú que bien, el abuelito, -replicó DavidMe con ganas de guasa, como siempre, -a ver, ¿quién más iba a estar montando tanto escándalo, eh?
Hida no contestó y se acercó hasta su compañero, que pudo observar sus heridas.
-Jo, no has llevado la mejor parte hasta ahora.
-Fui a caer en la perrera del palacio, ya es mala pata. Menos mal que los bichos esos no llevaban implantes como el chucho de Some, que, si no, se me meriendan.
-Nunca mejor dicho lo de mala pata… venga, que te ayudo, -se ofreció el musculoso brutor.
-Anda, anda. Tira palante, -gruñó rechazándole con desdén el orgulloso Jin Mei. –Y por cierto, ¿sabes para dónde vamos?
-Veras, yo fui a estrellarme en mitad de una sala de control de seguridad. Me cargué a los que sobrevivieron al capsulazo, jeje, pero resulta que hay un montón de interesantes ordenadores allí. Intenté montar un pollo manejándolos, pero sólo he conseguido cortar el agua caliente de las duchas. Creo que tú…
-¿Y esa es tu idea de hacer sabotaje?, -le interrumpió el galente.
-¿Es que no sabes lo mucho que fastidia un chorro de agua fría en mitad de…? Bueno, como no podía hacer más allí, pues me dí una vuelta por el barrio…
-Bien, bien, llévame hasta esa sala, ¡vamos!
Cojeando tras el joven minmatar, Hida fue descubriendo en el camino los cadáveres de numerosos centinelas de palacio, abatidos aquí y allá por su compañero.
-Anda que no te lo has pasado bien, cobarde.
-Y no veas que gusto darle caña a estos cafres por una vez. Como se me ponga el emperata por delante lo va a flipar, -bravuconeó DavidMe.
Pronto llegaron a su destino. La sala de control, cuyo techo se hallaba colapsado en torno a la cápsula espacial, estaba llena de escombros, pero los equipos electrónicos aún seguían operativos.
El brutor se apostó en la entrada mientras su compañero tomaba asiento frente a la terminal principal. Hida no tardó en acceder a los códigos de encriptado e infiltrarse en el sistema que controlaba la seguridad de la base. Las pantallas superiores se encendieron ofreciendo imágenes de las cámaras ocultas por el recinto. Aquellas que daban cobertura al bloque prisión comenzaron a registrar enfrentamientos entre los guardias y los prisioneros cuyas celdas iban perdiendo su sellado magnético a medida que el galente trabajaba en la terminal, cuyo teclado iba tiñéndose de rojo. Una nueva base de datos llamó su atención.
-Aquí hay un informe reciente en el que consta que 6 cápsulas abordaron la atmósfera: 1 se desintegro en el aire, de las 5 que llegaron a tierra, 2 se han incrustado separadamente en zona edificada.
-Las nuestras, -corroboró DavidMe.
-Otra se ha estrellado en un patio interior. En el cráter resultante han hallado a un piloto amarriano muerto. ¡Some… muerto! Entonces ya hemos fracasado, -se lamentó el Jin Mei.
-¿Qué hay de los demás?
-Las cápsulas de Talim y Camper –continuó Hida, -han caído muy juntas en una de las zonas verdes de palacio. También se informa de que el Emperador ha sido puesto a salvo y ya ha abandonado el planeta.
-Maldición, -gruñó el joven minmatar.
-Esto fue una locura desde el principio… -se quejó el piloto galente.
-Bueno, podría ser peor si… -pero David no pudo terminar su frase al verse rodeado por las detonaciones de numerosos disparos. Saltando dentro de la habitación, accionó los controles de la puerta, que se cerró inmediatamente.
-Tenía que haber estado más pendiente de las cámaras de seguridad. El pasillo está tomado, no podremos salir por él, -aseguro Hida observando de nuevo los monitores.
-Pues esta habitación no tiene más accesos, ya lo comprobé cuando aterricé en ella. Toca resistir aquí.
Sin decir más, el joven brutor volcó un escritorio y se parapetó frente a la puerta de espaldas a su compañero, que no se animaba a dejar su asiento, pues aún perdía sangre y se sentía ya débil. Siguió pues escudriñando las bases de datos de la seguridad imperial y fue a dar con un archivo con el nombre de su propia familia en él. Datado en las fechas en las que su hermano perdiera la vida, quedó absorto en su lectura hasta que el suministro eléctrico a la habitación fue suprimido.
En la claridad que las luces de emergencia, ambos observaron como aparecía de repente, sobre la puerta un anaranjado destello que empezaba a recorrer su perímetro con un agudo zumbido. La temperatura en la sala comenzó a subir varios grados.
-Es un laser termal, -afirmó DavidMe, el surco de metal fundido reflejado en sus anchas gafas. –Ya vienen.
Pendiente de la inminente destrucción de la puerta frente a él, el minmatar no pudo apreciar la caída de algunos escombros al fondo de la sala.
-Que infiernos sucede ahora, -gruñó Hida volviéndose. A su espalda pudo ver a un par de guardias imperiales que se descolgaban desde el techo, accediendo a la cámara por la oscura abertura desde la que se precipitara la cápsula de su compañero. Los amarrianos cayeron detrás del inadvertido joven, a quien dispararon.
Haciendo acopio de las escasas energías que aún le restaban, el Jin Mei saltó interponiéndose a los rayos laser de sus enemigos, que recibió de lleno en el estomago, mientras abría fuego a su vez. Pero fue el certero arma de David, una vez éste vuelto hacia ellos, la que acabó con la vida de los guardias. Los impactos del agonizante piloto galente fueron los que sin embargo provocaron nuevos desprendimientos de escombros, que volvieron a hacer impracticable aquel inesperado acceso.
-Hida, estás loco, ¿que has hecho?
-Eso pienso ahora que esto empieza a dolerme… ugh…
-¡Has entregado tu vida para salvar la mía! Nadie ha hecho algo así por mí, nunca…
-Eso no lo hago ni yo, tranquilo, -replicó el Jin Mei con su cinismo habitual. –Olvidas que no pertenezco Paladines, niño, sino a CUPEN, así que mi clon médico no fue… envenenado, de hecho… ni siquiera está en… la base de KFIE… je… je…
Con una cínica sonrisa en los labios, el galente perdió la vida ignorando cuantos escasos minutos había logrado prolongar la de su compañero.

Capítulo 6: Sangre y vida.

Al abandonar su cápsula, Camperman se encontró al aire libre, rodeado de vegetación en diferentes grados de destrozo y bajo un límpido cielo azul. Una segunda cápsula yacía humeante a escasos metros de la suya. Mientras se aproximaba, el receptáculo se abrió y la princesa Talim se dio a conocer. El minmatar sonreía feliz.
-Hoy es mi día de suerte, de todos los kinder sorpresa me ha tocado el de la chica.
-Anda, mira, si estamos en los jardines de palacio, -exclamó la piloto caldari ignorando el jocoso comentario del aguerrido brutor.
-Si, que romántico, -bromeó Camper insistente.
-Venga, sin tonterías, que te veo venir a la legua.
Al minmatar no le pasó desapercibido el hecho de que la hermosa princesa eligiese ese preciso momento para ajustar la intensidad de fuego de su blaster.
-Vale, vale, yo no discuto con una mujer armada.
-Mejor, -sonrió ella.
Mientras él ponía igualmente a punto su rifle de plasma, su compañera le dirigió una curiosa mirada.
-¿De donde has sacado ese armatoste?, -le preguntó.
-Es un préstamo de Xiib, una reliquia de familia, pero dispara que no veas.
-Eso espero, porque falta va a hacer. Intentemos localizar a los demás, vamos a ver si damos con el edificio principal de palacio, hay que ayudar a Some.
Se pusieron ambos pues en marcha, alejándose de la zona de impacto. Pronto hallaron un sendero que seguir entre la frondosa naturaleza que les rodeaba. No habían recorrido aún más que un centenar de metros cuando escucharon voces de alerta delante de ellos. Las lanzas electrificadas de los guardias palaciegos destacaban por encima de la densa vegetación.
-Ocultémonos, -ordenó Talim.
Ambos tomaron posiciones para enfrentar a sus atacantes. La mujer se agachó tras unos arbustos, por delante de su compañero de armas, quien se parapetó tras un árbol a pocos metros de distancia.
-Oye, princesa, ¿nunca que han dicho que tienes un trasero bien lindo?, -comentó el minmatar con desenfado.
-¿Quieres ver cómo te cierro la boca con el tacón de mis botas?, -replicó Talim volviéndose airadamente.
-Rubia, adivinaste lo mucho que me va el cuero.
Pero la sonrisa pronto abandonó el rostro de Camper, a la par que, con los dedos en uve, indicaba en silencio a la princesa que volviese a mirar adelante.
Un nutrido grupo de guardias imperiales se aproximaba por el sendero. La piloto caldari, sin pensarlo dos veces, abrió fuego contra ellos abatiendo a algunos de los que encabezaban la marcha. Acto seguido cambió a la carrera de posición, superando la de su compañero. Los guardias persiguieron a la mujer sin advertir la presencia del guerrero brutor, a quién ahora ofrecían las espaldas. “Chica lista” se dijo para sí el minmatar mientras bajaba el arma hasta la cadera y abría fuego sobre ellos. Las explosiones de plasma tomaron por completa sorpresa al contingente amarriano, que pronto sucumbió a los brutales disparos. Pero una diferente explosión tuvo lugar sobre la nueva posición de la princesa Talim.
Cuando Camper se acercó a los desmembrados cuerpos de sus oponentes para rematar a los heridos, cosa que no fue necesaria, observó que estaban equipados con granadas sónicas, lo que explicaba la última detonación que había escuchado. Temiendo por la suerte de su compañera, el brutor se apresuró a localizarla.
-Fue un error no tirar campo a través, -murmuró el guerrero minmatar.
Pronto dió con la zona de impacto, dónde la vegetación había palidecido hasta perder su color natural. El cuerpo de Talim, en el suelo, yacía de costado, en una postura antinatural. Camper se temía lo peor cuando se acercó a ella y volvió boca arriba a su compañera, pero los azules ojos de la mujer le devolvieron la mirada.
-No puedo moverme, -aseguró sin embargo.
-No veo heridas abiertas ¿qué te duele?, -preguntó él alarmado.
-Solo el cuello y los oídos, del resto nada, no siento nada.
-Intenta flexionar un brazo, -le pidió a la piloto caldari.
Talim sólo consiguió pestañear y fruncir el entrecejo.
-Camper, me he roto el maldito cuello, soy incapaz de sentir o articular nada más allá de mi cabeza.
-¿No puedes sentir nada? ¿Seguro? ¿Entonces si pongo aquí la mano…?
-No es momento para sacar a pasear la libido, estúpido. Tienes que salir de aquí cuanto antes, los guardias volverán en mayor número pronto. Estoy condenada. Corre y no mires atrás, lo que me suceda ya no importa, debes continuar con la…
-Para sólo poder mover la lengua anda que no dices tonterías, rubia.
-¿Qué haces?, brutor cabezota, suéltame, es una orden.
-Un Paladín jamás deja atrás a un compañero, eso está por encima de las órdenes, así que cierra la boca o te pongo algo en ella para que no hables, y ya sabes lo que sería.
Con la mujer en brazos y el pesado rifle blaster a la espalda, Camperman volvió a internarse en la espesura. La princesa caldari no volvió a hablar, pero, aún con la cabeza hundida en su pecho, el vigoroso minmatar pudo ver brillar lágrimas en sus bellos ojos; nunca sabría si de ira o indignación, como podía estar seguro de que no eran de dolor o de lástima.
Nuevas voces de alerta quedaron a su espalda mientras avanzaba alejándose de aquel funesto sendero. Tras cerca de una hora de marcha, divisó más allá de las copas de los árboles que le rodeaban uno de los altos muros del ajardinado recinto. Decidió tomar un respiro y se arrodilló sin soltar a la piloto caldari.
-Rubia, que estas muy guapa cuando lloras.
-¿Y quién está llorando, idiota? Debe ser que no puedo rascarme los ojos.
Los arbustos junto al próximo muro de palacio se agitaron frente a ellos. Camperman depositó lentamente a la mujer en el suelo y con un dedo en los labios comenzó a deslizar su voluminoso blaster desde la espalda. Alguien, sin tomar muchas precauciones, se les aproximaba. Para cuando llegó hasta la pareja, el brutor aún no tenía lista su arma, lo que sin duda salvó la vida de la joven que surgió entre la maleza. Se trataba de una bellísima minmatar, morena, del clan Vherokior, el largo cabello recogido en un aparatoso peinado repleto de joyas. Unos largos pendientes enmarcaban su rostro.
-Sigue siendo tu día de suerte, -rezongó Talim desde el suelo.
El brutor no dejaba sin embargo de encañonar a la desconocida, pero no se creía capaz de dispararle de momento, al menos mientras siguiera sufriendo el hechizo de sus enormes ojos oscuros.
-¿No vas a hacerme daño?, -preguntó la joven, sorprendida ante su hallazgo.
-Nena, eso sólo si a ti te gusta, -respondió Camper.
-¿Sois esclavos? ¿De que recinto? ¿Estáis escapando también?...
-Yo tengo el blaster, cielo, yo hago las preguntas, -contraatacó el rudo minmatar, volviendo a la realidad, -¿De dónde sales y cómo te llamas, nena?
-Soy Namaco. Vivo en el harén de palacio desde hace menos de un mes. Intento aprovechar el actual desorden en la vigilancia para recuperar mi libertad. Y como yo, muchos otros en palacio.
-¿Entonces estos son los jardines del harén del Emperador? Sigo de suerte como dices, Talim, -bromeó de nuevo el fornido guerrero.
-Ahora veo, vosotros sois los que habéis caído del cielo en esas cápsulas.
-¿Has visto a alguno más de los nuestros?, -preguntó la princesa ahora.
-No, pero sé para que habéis venido, Hiroe me lo dijo.
Los dos paladines se miraron extrañados.
-¿Conoces a Hiroe? ¿Está en palacio?, -preguntaron a la joven.
-Hiroe es bastante famosa en el harén, la única esclava que hasta ahora había logrado desobedecer al Emperador y escapar de él. Pero llegó esta mañana para someterse a Su voluntad. Estaba conmigo hace rato, cuando brilló el relámpago en el cielo y comenzó la lluvia de meteoritos.
Camper volvió a posicionar su arma sobre sus anchas espaldas y tomó del suelo nuevamente a su compañera.
-Namaco, no puedo prometerte la libertad, pero te doy mi palabra de Guerrero Matar de que lucharé por ti hasta la muerte por conseguirla, como lo haré por la vida de mi acompañante, o la de Hiroe. ¿Nos llevarás hasta ella? ¿Puedes ayudarnos?
La joven asintió resolutivamente.
-Sígueme.

Capítulo 7: Tercera sangre.

Siguiendo a la joven, con su compañera de armas en brazos, Camperman abandonó la floresta hasta llegar al pié de la muralla de palacio. Namaco recorría el perímetro del jardín con seguridad, sabiendo con certeza a dónde se dirigía. El guerrero minmatar, observando la esbelta figura de la hermosa esclava frente a él, no pudo dejar de intuir el peligro que les acechaba. Sin descuidar la vigilancia de los alrededores, dirigió un murmullo hacia su pecho, dónde descansaba la cabeza de Talim, inerte entre sus brazos.
-Esto puede ser una trampa. La chica es demasiado bonita.
-Es posible, -susurró la princesa caldari a su vez, -pero no tenemos mejores opciones por ahora. Mantente alerta.
La joven se detuvo por fin bajo una angulosa sección del muro. Tras situar la palma de su mano sobre un determinado punto del mismo, se descorrió con un zumbido una porción de la muralla, revelando una entrada secreta. Namaco se limitó a indicar con un gesto que la siguiesen y desapareció en la oscura abertura.
Cuando la entrada se cerró tras ellos, se encontraron en un estrecho pasadizo tenuemente iluminado.
-Al menos aquí dentro no se pueden lanzar granadas, -comentó con rabia la piloto de Paladines.
Continuando de nuevo la marcha en pos de su guía, rebasaron en silencio nuevos corredores que se abrían ocasionalmente a ambos lados del que habían tomado, tan oscuros como el mismo. Camper comprobó que la iluminación provenía exclusivamente de unos rosados hologramas en movimiento situados cerca del techo. Estos representaban a seres humanos entregados a diferentes actividades de contenido puramente sexual.
-¿Qué son estos pasillos? –preguntó el minmatar a su compañera de etnia.
-Una red secreta que solo conocemos el Emperador y sus concubinas. También algunos Lealtius del máximo rango. Conectan muchas dependencias, pero yo aún no los domino del todo. Ya hemos llegado.
Una nueva abertura se abrió junto a ellos revelando un suntuoso dormitorio. Una cama de elevado dosel y ricas vestiduras dominaba la estancia.
-Esta es mi cámara privada. Aquí podrá descansar tu mujer. Nadie va a encontrarla.
-Yo no soy mujer de nadie, muchachita, y menos aún de un bala perdida como…
-Dejémoslo estar, -cortó Camperman al depositar su carga bocabajo en el lecho.-Si es que la rubia está más guapa cuando no habla.
Namaco no pudo contener una sonrisa, en el fondo se alegraba de saber que el guerrero no tenía pareja. Éste, apiadándose de su compañera, alteró su postura en la cama para que pudiese hablar. El rostro de Talim se reveló sin embargo sereno.
-Sólo soy una carga para vosotros. Camper, dejadme aquí y si lográis abriros paso, escapad sin mí, por favor.
El fornido brutor se puso serio por una vez.
-Sabes que no va a ser así. Volveré a por ti.
Inclinado sobre el lecho, tomó el lánguido brazo derecho de la princesa y cerró su mano en un insensible puño, que posicionó sobre su hombro izquierdo. Erguido después junto a ella, Camperman reprodujo el mismo gesto a su vez.
-Paladines.
-Paladines, -contestó la piloto caldari, que cerró sus azules ojos antes de dejar escapar alguna lágrima por sus comisuras.
Camper encontró a la joven esclava a su espalda, esperándole para continuar la marcha.
-Los aposentos de Hiroe están muy cerca de los míos. Vamos.
De nuevo en los corredores, esta vez a solas, el guerrero minmatar interrogó a su acompañante de nuevo, pero sin seriedad alguna.
-Y dime, Namaco, ¿qué tal es el emperata en la cama?
Una hermosa sonrisa brilló en la oscuridad al volverse la joven a medias.
-Eso no puede saberlo nadie con tan poco tiempo como yo en el harén. ¿Y a qué viene esa pregunta? ¿Estas interesado en el Emperador… o en mí?
Tomado por sorpresa, el brutor no supo contraatacar.
-Esto… yo hago las preguntas, ya te lo dije, ¿no?
-Me parece bien, pero no ahora. Ven, mira.
Bajo uno de los hologramas, la joven descorrió un pequeño panel a la altura de sus ojos. Camper pudo así ver un dormitorio similar al de la joven; en su centro, de espaldas a ellos, Hiroe se erguía de pié, ataviada como una danzarina.
-No creo prudente que te des a conocer, podría ser una trampa. –aventuró Namaco. -Entraré yo primero por la puerta principal y hablare con ella. Tú podrás oírnos y ver que sucede sin peligro. Si todo va bien, pulsa sobre éste panel y podrás entrar desde aquí. ¿Te parece bien?
Las dudas de Camperman sobre la lealtad de la joven cada vez eran menores.
-Adelante. Ten cuidado, nena.
-Estoy tranquila. Confió en que cumplirás tu palabra.
La esclava dejó caer un rápido beso sobre el bíceps derecho del guerrero y desapareció tras un recodo del pasillo. El brutor intentó convencerse de que la tensión del momento era la única culpable de su preocupación por ella.
Sin descuidar la vigilancia del corredor en el que se hallaba, prestó toda su atención a la escena que se desarrolló ante sus ojos una vez la hermosa concubina apareció en la estancia frente a su amiga.
-¡Hiroe!
-¿Namaco?
-Lo que me dijiste está mañana era cierto.
-Ah… ¿si?
La compañera sentimental de Somehow comenzó a caminar de espaldas hasta apoyarse en una cómoda. Namaco miraba extrañada a la bailarina. Acercándose a ella, le tomó las manos, pero Hiroe se liberó.
-Debemos salir de aquí, o los guardias nos cerrarán pronto el paso, -aseguró la joven minmatar.
-Voy a esperar aquí a que todo vuelva al orden. Márchate.
-Pero… no te entiendo… ¿qué te pasa?
-Te he dicho que te vayas.
La bailarina extrajo una daga del cajón superior de la cómoda a su espalda, sin que Namaco se percatara de ello. Aquello fue suficiente para Camperman. Para cuando Hiroe se volvió, alertada por la involuntaria mirada que la concubina dejó escapar hacia su compañero de etnia, el aguerrido minmatar ya había alzado la culata de su arma sobre la hermosa achura. Sin vacilaciones, a pesar de la familiaridad de aquel rostro, el brutor descargó un tremendo golpe sobre ella. Hiroe cayó desmadejadamente al suelo, perdido el conocimiento.
-Esta no es Hiroe, -aseguró Camper. Namaco miraba sorprendida la daga que el guerrero retiraba de su mano. –Hiroe carece de entrenamiento militar alguno, pero ésta mujer empuñaba su arma con total profesionalidad. Además, ni siquiera sabía de qué hablasteis esta mañana.
-Pero entonces… ¿quién es?
-Después de lo que ha sucedido en Fageras, me juego un contenedor industrial de whiskey a que es un Lealtius ocupando un clon tomado a Hiroe. Tenemos que averiguar dónde está la verdadera. Ven, ayúdame.
Entre los dos, tomaron del suelo a la desconocida y la depositaron sobre el lecho. Camper destrozó parte del ajuar de cama en la habitación e improvisó fuertes ataduras con las que inmovilizar a su presa. La joven minmatar, aún confundida por lo sucedido, no era capaz de articular palabra. Cuando el clon de Hiroe recuperó la consciencia, ni siquiera intentó liberarse.
-Ahora vas a decirnos quién eres, guapita de cara, –anunció el guerrero brutor.
-Lo haré, pero a cambio te ruego que después me des muerte.
Aunque sorprendido por la demanda de su cautiva, Camperman no dudó.
-Concedido. Habla.
-Mi nombre es Mikiko. Soy una agente imperial. Este no es mi cuerpo. Mi misión hoy consiste en eliminar a todo aquel que intente liberarme en la creencia de ayudar a quien estoy suplantando. –Su voz era átona, la mirada perdida.
-Pensé que sería mucho más difícil sonsacarte… ¿Eres un Lealtius?, -preguntó el piloto de Paladines incrédulo.
-Si. Lo era al menos antes de tomar esta apariencia. Después, he sido todo lo que el Emperador ha deseado que fuese... –Ante el asombro de sus captores, la asesina comenzó a llorar en silencio.
-Me temo que ella si que puede responder a lo que me preguntabas antes de llegar aquí, -comentó Namaco con cierta pena.
-Dinos donde está Hiroe, -ordenó de nuevo Camper.
-Ha sido reducida y llevada al hangar de palacio. Partirá a bordo de la lanzadera personal del Emperador. ¿Para qué conformarse con una imitación cuando se puede gozar del original? Está más allá de vuestro alcance, la evacuación es inminente. Huid mientras podáis, pero antes, os ruego, os suplico, que me matéis.
-No serás tú quien decida que haremos o no, Mikiko, -sentenció el minmatar.
-Os he ayudado con lo que sé. Poned fin a mi condenada existencia, como habíamos acordado. No hablaré más.
Camperman se vió en la obligación de no despertar dudas sobre su palabra.
-Namaco, espérame en el corredor. Vamos.
Cuando la esclava dejó la cámara, el brutor volvió bocabajo a la mujer, para no reconocer familiaridad alguna en su víctima, y, agarrando sus cabellos con toda la sangre fría de la que fue capaz, pasó la daga por su cuello. La Lealtius sufrió una ligera convulsión y quedó inmediatamente inerte. Una brillante sombra carmesí comenzó a extenderse sobre las sábanas con rapidez.
Ya fuera de la habitación, Camper descubrió a la concubina sumida en el llanto, el bello rostro oculto entre las manos. Pensó que el salvajismo de sus últimas acciones aterrorizaba a la joven, pero se equivocaba, pues la hermosa Vherokior se refugió en sus fuertes brazos en cuanto le vió.
-No quiero morir, -susurró estremeciéndose en su pecho. El minmatar estrechó su abrazo y devolvió en sus cabellos el beso que ella antes le diera.
-No te dejaré morir, Namaco. Ni ahora, ni nunca.
Camperman se sorprendió de la seguridad en sus propias palabras.

Capítulo 8: Última sangre.

El Emperador Heideran VII, a bordo de su lanzadera personal, observaba crecer el negro firmamento sobre la nave, a medida que ésta abandonaba la atmósfera de Amarr Prime escoltada por tres Crusader de la flota palaciega. A la derecha de su trono se sentaba Doriam Kor Azor, que detentaba la jefatura de la casa imperial. A su izquierda Azhdan Bobamih, que comandaba la seguridad de su persona y era la Lealtius más antigua aún en servicio.
No podía sentirse más seguro, rodeado exclusivamente de sus más directos allegados, junto a un piloto Lealtius a su vez, que conducía frente a ellos el ascenso de la nave hacia el espacio. Para su regocijo además, la única otra ocupante de la pequeña lanzadera se hallaba encerrada en un contenedor de soporte vital en su bahía de carga. Llevado su pensamiento hasta aquella seductora danzarina achura, objeto de su deseo por tanto tiempo y por fin a su merced, se despertaron sus apetitos carnales.
Sin embargo, sus depravadas imaginaciones se evaporaron al sonido del comunicador frente a su comandante.
-Alteza, informan desde palacio que se ha restaurado el orden y que todos los asaltantes ya han sido neutralizados. Se ha capturado con vida a dos de los seis pilotos que se precipitaron sobre vuestra residencia.
-Ordena que sean ejecutados, Azhdan. De inmediato.
-¿Deseáis continuar la evacuación, mi señor? –preguntó el CEO de la familia imperial.
-Si, Doriam. Vas a ser testigo de cómo el Almirante de la Flota Imperial Prime Norte pasa a la esclavitud. Será todo un acontecimiento social.
El piloto amarriano frente a ellos puso en automático el rumbo de la nave, con dirección al Titan Holocaust, y abandonó la cabina para informar a su señor. Tras la ritual reverencia ante su soberano y antes de dirigirle la palabra, extrajo de su túnica un pequeño blaster y voló la cabeza de la asesina sentada junto al Emperador. Acto seguido, situó sin vacilar el arma sobre el rostro del anciano Kor Azor y volvió a apretar el gatillo. Heideran, en su sobresalto, encontró el diminuto cañón de energía a un palmo de sus narices antes de terminar de sorprenderse. Pero su pánico mutó en ira cuando el piloto retiró su capucha revelándole mi identidad.
-¡¡Tú!! –exclamó el dignatario, los ojos inyectados en sangre. -¡Maldito seas Somehow!
-No oses maldecir a tu propia estirpe. Olvidas que soy tu hermano mayor.
-¿Olvidarlo, dices? Lo recuerdo cada día de esta existencia a la que nuestro padre me ha condenado. Tú, tú deberías estar sentado en este estúpido trono y no yo. Pero él te amaba más a ti, jamás habría puesto tu vida en peligro… la selección de un nuevo Emperador supone la muerte de todos los candidatos desechados. Por eso fui yo el candidato de la familia.
-Nunca aprobé la decisión de nuestro padre.
-¡Siempre fuiste ambicioso!
-No, Heideran, eso no es cierto. Cuando se intercambiaron nuestros destinos temí por tu vida tanto como tú. Por eso puse en juego todas mis habilidades diplomáticas hasta que se pactó la alianza de todas las familias. Hoy gobiernas el Imperio Amarr gracias a mí, yo salvé tu vida.
-¿Y que gran regalo es este, Somehow? Mi carne es ahora sagrada, jamás me permitirán clonarme… en cambio tú, tú vivirás para siempre, como nuestro padre deseaba. ¡Te odio!
-¿Y que vida es ésta, a la que tu fraternal odio me ha relegado? Siempre huyendo, alejado de nuestra tierra, escondido en espacio profundo, temiendo el acecho de tus asesinos, poniendo en constante peligro las vidas de quienes amo. Pero hoy se acabará todo.
Lo cierto es que le había hablado sin dejar de mantener el arma sobre su cara, en la que comenzó a dibujarse una mueca de terror.
-No… no puedes matar a tu propio hermano…
-No será necesario, -aseguré. Introduje mi mano libre en la túnica de piloto imperial que portaba. Heideran esperaba ver aparecer un nuevo y más mortífero arma, pero todo lo que puse ante él fue un libro.
-¿La Pax Amarria? ¿Qué nueva falacia vas a echarme en cara, Somehow?
-Sabes que yo lo redacté. Lo que hasta ahora no sabias es que puedo demostrarlo, los originales de mi puño y letra obran en poder de varios miembros del Consejo Teológico Imperial de mi entera confianza. Ellos harán público el engaño si yo se lo pido; estas no son tus ideas, me las robaste, y cuando se sepa perderás todo crédito como pacificador de la galaxia.
-Oh, que lastima. La Federación Gallente me retirará el hermoso Aidonis, -se permitió bromear mi hermano menor. -Poco me importa, querido.
-Te equivocas si crees que tu desprestigio va a tener tan escasa consecuencia. Cada ejemplar del Pax Amarria firmado hasta la fecha por tu persona constituye un delito separado de falsedad documental. Tus enemigos en el Consejo elevarán tal volumen de cargos contra ti que habrá que procesarte, y, como acusado, todo edicto imperial bajo tu firma podrá ser puesto igualmente en tela de juicio. Jurídicamente, una rúbrica imperial en falso cuestiona todo escrito de su autor!. La burocracia colapsará sin remedio en el caos administrativo resultante. Pero, antes que afrontar la paralización del Imperio, el pacto entre las familias se romperá. Se revocará tu elección y se convocará a nuevos candidatos. Y ya sabes cuál será entonces tu destino.
El Emperador comenzó a experimentar verdadero pánico ante la única idea capaz de provocarle semejante sentimiento: su propia muerte. Su mente intentó en vano encontrar la forma de eludir la amenaza que acababa de verter sobre él.
-Destruirás esos originales y esta vez olvidaré que existes, -propuso.
-No ofendas mi inteligencia, Heideran. Los conservaré para garantizar mi libertad y la de quienes me importan. Empezando por la mujer a bordo de esta nave.
Al final, hundido en su trono, mi hermano se rindió a la evidencia.
-Aparta de mí ese arma. Ya no te es necesaria.
Obedecí. En ese momento, el cuadro de comunicaciones bajo el cadáver de Azhdan Bobamih emitió un zumbido.
-Al habla el Subcomandante Horst desde el Titan Imperial Holocaust. Informen a Su Sagrada Alteza de que el Almirante Crayion ha cometido suicidio. Me dispongo a tomar el mando de la Flota Imperial Prime Norte salvo contraorden.
El Emperador abrió el comunicador.
-Heideran VII enterado. Nuestra visita queda cancelada. Mi lanzadera y escolta volvemos a palacio. Queda ratificado en su nuevo puesto, Almirante Horst.
A continuación, el soberano del Imperio Amarr abrió comunicaciones con su residencia, aplazó las ejecuciones y dispuso todo para nuestro retorno mientras yo volvía a la cabina de navegación y cancelaba el piloto automático.

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Última edición por Somehow el 03 Nov 2013, 10:41, editado 2 veces en total

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 Asunto: Re: Crónicas de Sangre.
NotaPublicado: 03 Nov 2013, 10:29 
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Capítulo 9: Epílogo 1.

“Ultimas noticias desde el Imperio Amarr: Ayer tarde, durante unas maniobras militares de la flota imperial estacionada sobre Amarr Prime, fue activado negligentemente el Doomsday del Avatar Holocaust, lo que provocó la destrucción de una flotilla neutral casualmente en la zona, perteneciente a la alianza Nexo. Depuradas responsabilidades en el mando estelar amarriano, Heideran VII en persona se ha disculpado por lo sucedido. Los pilotos afectados han sido posteriormente invitados y agasajados en el palacio imperial. Se ha sabido que desde el tesoro imperial ha sido transferida una generosa suma como compensación a la corporación mayoritaria de la citada alianza NEXO. Otras noticias nos llegan desde las Bleack Lands dónde un nuevo ataque pirata ha…”
La Princesa Talim apagó el proyector holográfico de noticias.
-Invitar lo que es invitar nos hemos invitado nosotros solitos, -puntualizó la bella piloto, que disfrutaba ya de un nuevo clon.
-¿Y cómo que “agasajados”? ¡Pero si nos han cosido a balazos y un día después nos han ejecutado! Si a eso lo llaman “agasajar”, ¿qué nos habrían hecho en caso de querer matarnos realmente? –Exclamó DavidMe indignado.
Muchos de los reunidos en la sala de conferencias dejaron escapar una sonrisa.
–Pues menos mal que os ejecutaron a todos pasadas 48 horas, con los clones ya operativos esperando en KFIE. –comentaba Noemar.
-Aún así, -interrumpí a la CO-CEO –todos tenemos una irreparable pérdida que lamentar…
-Antes de que te culpes por ello, Somehow, -me interrumpió Neon a su vez, -que sepas que todos los aquí presentes hemos sido testigos de la libre decisión de cada uno a la hora de participar en el pasado asalto. Paladines es mucho más que uno solo de sus integrantes, aunque estemos hablando de su fundador.
Frenchiastur, la vista perdida en el infinito, se puso entonces en pie llevándose el puño derecho sobre el hombro opuesto y exclamó:
-¡Paladines!
Todos en la sala le imitamos y después volvimos a tomar asiento.
-Neon, eso de la transferencia… ¿es cierto?, -pregunto Einar Matvein incrédulo.
Nuestro nuevo CEO asintió.
-Una donación efectiva de 300 billones de Isk ha engrosado las arcas de Paladines. La entrevista de Somehow con el Emperador ha resultado muy beneficiosa económicamente para la alianza. Pero aún no nos has dicho cómo te las apañaste para llegar hasta el Heideran, Some.
-No fue demasiado complicado, ya que mis compañeros cumplieron con toda eficacia su cometido en la misión. El primer centinela que pude eliminar pasó a ocupar mi lugar entre los restos de mi cápsula. A continuación me dirigí hacia el puerto espacial de palacio, a través de la extensa red de pasadizos secretos que lo conforman. Algunos de ellos ya sólo los conozco yo, a día de hoy. Una vez allí, aprovechar el caos reinante para suplantar al Lealtius que pilotaba la lanzadera personal del emperador fue lo más complicado, pero conseguido esto sólo había de esperar a que se siguieran los consabidos protocolos de evacuación. El resto esta en las noticias.
-¡En las noticias faltan muchas cosas!, -protestó Hida, vuelto igualmente a la vida en su clon médico. -Por ejemplo la bonita rebelión de los esclavos que nos montamos. Podrían haberlo dicho incluso de manera positiva, más aún cuando dos esclavas imperiales han recibido público indulto, fíjate que bien.
-Nada, no les interesa comentarlo, incitaría a nuevas rebeliones pues, -apuntó Xiib, que andaba pasando con cariño un paño al enorme rifle blaster de su abuelo.
-Por cierto, ¿Alguien ha visto a Camperman?, -preguntó Atlax.
-Ahorita que lo dices yo si que lo vi, -aseguró el veterano explorador caldari, -en cuantito que apareció en su clon, se vino a Z3V y andaba esperando en el hangar. Pero le perdí la pista desde que la chica de Some aterrizó en la base trayendo consigo a esa otra minmatar, Namaco. Fue ella la que me devolvió mi cacharrito, antes de desaparecer en compañía de Camper, –concluyó feliz.
-Entonces yo de vosotros no contaría con ese bala perdida, por lo menos, por una semana o así, -afirmó la Princesa Talim con una ancha sonrisa, feliz de acompañar el gesto flexionando los brazos bajo su nuca.

Capítulo 9: Epílogo 2.

Sus ojos se abrieron a la luz tras su última muerte. Perder la vida en nombre del Emperador no resultaba ajeno a un Lealtius, y como tal, así lo aceptaba. Poco a poco fue recuperando el control de su nuevo clon y se incorporó. A pesar de no haber tenido éxito, había cumplido con su misión hasta dónde había sido humanamente posible. Por fin podría abandonar aquella odiosa identidad ajena a su persona. O al menos eso pensaba hasta que pudo ver su imagen reflejada en el enorme cierre de cristal que cubría el nicho criogénico que estaba abandonando. Palpando su rostro, sin atreverse a dar crédito a sus ojos, comprobó que de nuevo se hallaba en el mismo cuerpo que había estado suplantando.
No había error posible. Tampoco explicación. Si su amo había decidido volver a darle encarnación en un clon que no le pertenecía, la única salida que se abría ante su situación era matar al verdadero, único y odioso causante de la misma. Matar a Somehow, lo ordenase el Emperador o no.

Fin de las Crónicas de Sangre.

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 Asunto: Re: Crónicas de Sangre.
NotaPublicado: 04 Nov 2013, 16:19 
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Registrado: 28 Nov 2011, 16:23
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"No había un solo atisbo de humor en su pregunta."

Me gusta mucho la recreación que hiciste de Einar en este relato, se parece mucho al de verdad.

Me has alegrado una aburrida tarde de curro tío ;D


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