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 Asunto: El Sueño
NotaPublicado: 05 Jun 2011, 00:42 
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A petición, posteo nuestro último relato publicado en el blog de Divine.

Podéis consultar la entrada original aquí

Capítulo I: "Viaje al corazón"

“Y al final de los días sonarán las trompetas
Y, ¡miren! Se abrirán las compuertas de Heaven
Y los justos construirán allí un templo sagrado
Como jamás hubo uno. Allí comenzará de nuevo Utopía,
El sueño de los que aman al Señor y entonces habrá regocijo entre todos los justos de New Eden“


(Carta de Eoldulf a la tribu Starkmanir, escritos apócrifos )

Los sensores de la Pakhné indicaron que no había naves enemigas en los alrededores. Kin’Akhork se relajó. Aunque a sus 22 años ya había salido tres veces de incursión con sus compañeros, esta era su primera ocasión en solitario. Sabía que, si fallecía en combate, un clon lo sustituiría. Tendría sus mismas habilidades, sus mismos reflejos, iguales recuerdos y posiblemente, hasta una personalidad parecida. Sería en todo él mismo. Salvo… y eso era lo que le preocupaba, que no sería él mismo. Activó los propulsores de la nave, y realizó una revisión rápida del sistema. Parecía que todo estaba en orden. Un rato antes, una pequeña tropa del ejército imperial había estado pululando por la zona, derruyendo algunos de los puntos claves del sistema. Su misión era recuperarlos en la medida de lo posible mientras aún estuviera la zona tranquila. Su mente impartió las órdenes convenientes, y la Pakhné, una nave de clase Rifter, comenzó el warpeo a uno de los búnkers. Mentalmente, suspiró. Aún tenía algo de miedo. Ser consciente de estar flotando en un líquido mientras manejas una bestia de acero con la simple fuerza de la mente era algo parecido a estar en un sueño lúcido. O una pesadilla. Había visto como compañeros suyos, con la misma preparación que el, incluso, habían quedado inertes en un cuerpo con vida, pero aparentemente sin alma. Uno de los males mas temidos por un capsuleer. Pero no le había quedado otro remedio. Hacia ya dos años que estalló de nuevo la guerra. El Imperio y el Estado, contra las Repúblicas. La opresión religiosa y militar, contra la libertad y la democracia. Democracia. A los ancianos se les llenaba la boca con esa palabra. Los políticos de Caille abanderaban esa libertad. Pero no había libertad en el ejército. Un añó atrás, un grupo de soldados llego al outpost donde había crecido, con otros hermanos, primos, familiares lejanos. Allí los habían alistado, presentandolos voluntarios. Diez meses después estaba en el frente. En los últimos meses, habían conquistado varios sistemas solares, que se negaban a subyugarse a la República, y los conflictos se multiplicaban día a día.

- Pakhné, aquí Comando Libertad, ¿me recibes?

Las palabras no habían entrado por sus oidos, sino que llegaban directamente a su cerebro. Su primer impulso fue abrir la boca para contestar, y, al intentarlo, fue plenamente consciente del tubo que la sllaba.

- Le recibo, Señor. Alto y claro – sólo necesito pensarlo, y supo con seguridad que sus palabras habían sido transformadas en sonido, que llegaría al otro lado de la comunicación.

- Atención, recluta Kin’Akhork, ha sido detectado un comando de fuerzas identificadas como Amarrians en Kamela. Aparentemente llevan destino a Tzvi, pero aún no lo sabemos con seguridad. Una flota aliada de Gallenteans está controlando el acceso a la stargate de Huola en Kourmonen, así que abre los canales de comunicación y permanece alerta a los informes que puedan venir de allí. Intenta no abortar la misión, o podemos perder el sistema. De todos modos, para que tardes menos, envío hacia tus coordenadas dos naves clase Thorax para que te den soporte. Ante todo, evitad presentar combate. ¿Recibido?

- Recibido, Señor. A sus órdenes. Cambio y corto.

- Cambio y corto, recluta.

Con la mente, accionó los comandos que harían que, a una orden suya, le fueran inyectados los compuestos para acelerar su adrenalina, y mejorar sus reflejos. Además conecto todos los módulos de las naves, y activó el protocolo de supervivencia. Unos segundos después, en su mente resonaban, en un segundo plano, las comunicaciones de la flota de la Federación que controlaba el sistema de paso entre Kourmonen y Huola. Pasó a primer plano las comunicaciones con los dos pilotos de refuerzo.

- Aquí Sahkton y Gourggun, nos recibes Pakhné?

- Alto y claro, chicos. Me alegra que seais vosotros quienes venis.- Los dos jóvenes pilotos habían sido sus compañeros de la academia militar.- ¿Todo en orden donde estáis vosotros?

- Todo en orden, no hay comunicaciones significativas desde la flota de la federación en Kuormonen.

- Es posible que todo sea una falsa alarma. ¿A cuánto estáis?

- Estamos tomando el stargate de acceso a Laama. En un cuarto de hora nos tienes allí.

- De acuerdo, avisadme si hubiera novedades.

Kin’Akhork hizo un amago de suspirar… hasta que recordó que era sólo una ilusión suya, lo que le aumentó el malestar que estaba en su estómago in crescendo desde la comunicación con el sargento. Mentalmente activó la velocidad de la nave hacia el siguiente punto de captura, donde los amarrians habían destrozado una pequeña flotilla y debía recoger sus restos. Segundos después, su mente simulaba la aceleración de su nave. Tardaría varios minutos en llegar a su destino, y probablemente para ese momento ya hubiesen llegado sus compañeros a los confines del sistema solar. En ese momento, alarmado, se dió cuenta que no tenía conexión con la flota de la federación. Intentó reestablecer contacto, pero no había respuesta. Extrañado, concluyó que quizá estaban moviendose dirección a Old Man Star y los canales de comunicación fallaran a tantos años luz. Eso no le hizo sentirse más tranquilo, por lo que abrió el canal con Sahkton y Gourggun:

- Chicos, ¿me recibis?

- Alto y claro, Kin’Akhork. ¿Ocurre algo, compañero?

- He perdido la comunicación con Huola. No sabemos que hay más allá de Vard.

- Tranquilo, compañero. Quizá hayan entrado en combate, o, lo más probable, estén de vuelta hacia Old Man Star. No hay alteraciones por aquí, y nos disponemos a activar el stargate en este mismo momento.

- De acuerdo. Cambio y corto.

Kin’Akhork volvió a centrarse en los controles de la nave, acercándose a los restos de las naves para comprobar si hubiera algo rescatable, o bien los cuerpos de los caídos.

Al revisar los sensores de la nave de nuevo, se extraño. Según los sensores, había una nave de clase Dramiel y dos clase Hurricane. Sin embargo, no enarbolaban bandera alguna. Informó a su diario de bitácora y procedió a ordenar a su nave warpear a un punto para esperar a salvo novedades. El nudo de su estómago se apreto más, y decidió no esperar más. Ordenó a su nave iniciar el warp. Súbitamente, la nave se frenó por si sola.

- ¡Mierda! – Los sensores de la nave indicaban que la Dramiel y los Hurricanes seguían en las cercanías. Aún no habían enarbolado ninguna insignia ni dado muestras de comunicación o movimiento. Kin’Akhork introdujo los comandos precisos para que la nave maniobrara fuera de los restos de una nave amarrian que le impedía iniciar el warp, e volvió a intentar la operación. De fondo, escuchó a sus dos compañeros informar que ya estaban en el sistema, en sus límites y que procedían a reunirse con él.

- Negativo, repito, negativo. Aquí el Pahkné, abandonando el punto de captura para llegar al punto de salvaguarda número 4350. He iniciado el protocolo 60b y estamos en contingencia de código azul. Repito, código azul. Los sensores indican dos naves de clase Hurricane y una de clase Dramiel, de intenciones desconocidas.

- Recibido, Pahkné, alineando a punto de salvaguarda número 4350. Procedemos a transmitir el código azul a todas las unidades. Nos reunimos en breves.

Kin’Akhork estaba cada segundo que pasaba más a disgusto. Apenas habían transcurrido quince segundos desde que chocó con el pecio, pero se le había hecho eterno. Por fin, la nave volvió a iniciar el warp.Una Dramiel apareció en las cercanías de su nave.

- ¡Mierda! ¡Mierda, mierda, mierda! Por todos los ancianos… Aquí el Pahkné, a todas las unidades, Pahkné a todas las unidade.

- Recibimos, Pahkné.

- Código rojo, código rojo, nave clase Dramiel a mi lado, los sensores de warp de mi nave no responden. Solicito refuerzos.

- Recibido, Pahkné, en camino.

La nave clase Dramiel, que ya estaba impidiendole iniciar la operación de warp, inició un veloz orbitaje alrededor del pahkné, y Kin’Akhork intentó alinear a un punto de destino para alejarse de ella lo suficiente. En ese momento, la Dramiel enarboló tres insignias. Dos Hurricanes más aparecieron en la línea visual del Pahkné.

- Atención, código rojo, dos Hurricane más, solicito refuerzos urgentemente. Han enarbolado tres insignias, y una de ellas es la de las fuerzas imperiales.

- Recibido Pahkné, aguanta, estamos en camino.

Estremecido, Kin’Akhork notó como la Dramiel abría fuego. Sus escudos resplandecieron al impacto de los proyectiles.

- Se han iniciado las hostilidades, repito, se han iniciado las hostilidades.

Viendo que la Dramiel corría más que él, decidió dar media vuelta a la nave, y comenzar a orbitar a su vez a la Dramiel, abriendo fuego a su vez. Vió desde las imágenes que generaba la cápsula en su mente como sus proyectiles impactaban en la nave adversaria. En ese momento hicieron aparición los dos Thorax en el ámbito visual.

- Bien Pahkné, ya estamos aquí. Primaria la Hurricane con la insignia de la Divine Alliance. Repito, primaria la Hurricane con la insignia de la Divine Alliance.

- Recibido.

Kin’Akhork comenzó a orbitar al Hurricane, abriendo fuego contra ella también. Acto seguido, las torretas de los Hurricanes comenzarón a disparar salvas contra uno de los Thorax. Kin’Akhork intentó preguntar por nuevas órdenes, dado que el Dramiel seguía disparando contra sus escudos, haciendolos mella, pero la comunicación sólo le respondió con un molesto chirrido que se apresuro a desconectar. Resignado, targeteó a ambas Hurricanes y se dispuso a combatir hasta que hiciera falta. Activo los protocolos que le proporcionarían adrenalina y algunas drogas en vena, que serían de efecto inmediato y, ademas, el protocolo de evacuación, por si finalmente la Pahkné era destruida.

El Hurricane comenzó a resentir el shield y su armadura empezó a verse afectada, pero no hizo ningún movimiento ni ningún intento de salir fuera del combate. La Dramiel siguió inhibiendo los motores de la Pahkné, pero dejó de abrir fuego y dirigió sus torretas hacia el Thorax de Sahkton. Instantes después reventaba silenciosamente, pero la capsula de Kin’Akhork simuló el sonido, y este maniobró para evitar los pedazos más grandes. Los Hurricanes comenzaron a disparar al otro Thorax. El Hurricane con la insignia de Divine Alliance ya estaba comenzando a echar fuego dentro de los escudos, muy debilitados ya. Kin’Akhork dió orden de forzar al máximo los módulos. Su ordenador cerebral le notificó que una flota de republicana se dirigía hacia ellos, así que tenían que aguantar el máximo tiempo posible. Gourggun explotó, y ambos Hurricanes volvieron las torretas hacia él. Kin’Akhork se encomendo a sus dioses paternos y maternos, sabedor de que probablemente no pudiera salir de aquella. Su linea visual le informó desde un segundo plano que la capsula de Sahkton había conseguido escapar, pero que el Dramiel había conseguido atrapar a Gourggun, despedazándole.

En ese momento, la comunicación se restableció.

- Aquí el Pahkné, hemos perdido a Sakhton y a Gourggun. Solicito refuerzos urgentemente.

- Tranquilo, pequeño. – Una voz aguda, desconocida, salía del otro extremo del comunicador.- Aquí la Divine, clase Dramiel. Hablamos Su Eminencia el Sumo Sacerdote GilGalaad. Nos acompañan el XX y el Lis, clase Hurricane, con Seraphim Dalamaro y el Comodoro Jeremy Nix al mando de ellas. Hijo mío, hoy tuvimos un sueño. En él, se nos instaba a venir aquí a este sistema. Dios nuestro señor, nos indicó que en Tzvi encontraríamos un alma pura. En nombre de la Divine Alliance, El Cártel de los Ángeles y el Imperio, nos te instamos a acompañarnos en busca del sueño de conquistar el cielo.

- ¿Có-cómo?

- Has de decidirte rápido, hijo mío.Una flota de refuerzo viene hacia ti. Podemos hacer que desaparezcas de la faz de New Eden. Si vienes con nosotros, conocerás la Paz de Dios, Su Gloria, y morarás con Él. Pero decide ya, hijo mío, o habrás perdido tu oportunidad por siempre.

- Vuestras palabras me atraen. Pero, ¿cómo sé que no es un engaño? ¿Cómo sé que no me esclavizareis? ¿Dónde está la democracia en vuestro Imperio?

- La democracia la porta Dios, que nos trata a todos igual. Pero nosotros no somos parte del Imperio. Solo sus invitados y sus aliados en esta guerra. Buscamos almas puras. Yo mismo fui un Minmatar, de raíces Brutor. Dios nos ha acogido a todos por igual. No aceptamos esclavos, nuestros profetas condenan el esclavismo. Somos hombres y mujeres libres, que adoramos en nuestra libertad a Dios, y permitimos que Él, perfecto en todas las cosas, nos gobierne.

En ese momento, una voz inundó, literalmente, la mente de Kin’Akhork. No salía de su comunicador, sino que entraba directamente en su mente:

“Y al final de los días sonarán las trompetas. Y, ¡miren! Se abrirán las compuertas de Heaven y los justos construirán allí un templo sagrado como jamás hubo uno. Allí comenzará de nuevo Utopía”

- Has escuchado a Seraphim Dalamaro, uno de los ángeles combatientes del Cártel. Ven con nosotros y te mostraremos maravillas. ¿Aceptas?

Kin’Akhork dudó. La Voz lo había convencido.

- Lamentamos decirte que, si quieres unirte y desaparecer de aquí antes de que lleguen tus refuerzos, has de decidirte en menos de treinta segundos. Hijo mio, te tendemos la mano, acéptala. Salva tu cuerpo, tu mente y tu alma.

- Acepto.

- Si aceptas, deberás llamarme Padre, a partir de ahora.

- ¡Acepto, Padre!

- Has elegido bien hijo mío. Divine a Lis, Divine a Lis. Comodoro Nix, sáquenos de aquí, por favor.



(continuará… )

NdA. Este relato forma parte de una serie de historias enlazadas titulada “El Sueño”. El orden adecuado para leerlas es:

- El Sueño: Viaje al corazón (publicado)

- El Sueño: República (publicado)

- El Sueño: Imperio

- El Sueño: Utopía

- El Sueño: Redención

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Un día en el espacio


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 Asunto: Re: El Sueño
NotaPublicado: 12 Jun 2011, 23:29 
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A petición, posteo el capítulo 2 de nuestro último relato publicado en el blog de Divine.

Podéis consultar la entrada original aquí

Capítulo II: "República"

“Nos, en el presente año, estando en la sala los correspondientes testigos [...]
firmamos este armisticio
en nombre de Su Graciosa Emperatriz Jamyl Sarum, de la Familia Sarum,
Señora de Sarum Prime [...]
cancelando así las hostilidades entre la República Heimatar,
así como toda acción bélica en las regiones especificadas en el apartado 1.5.b. [...]
Por esta cédula Nos cedemos nuestras constelaciones de Sasen en Bleak Lands,
[...] también cedemos en favor de la República de los minmatar [...]
Kisana y Jayai, de la región de Devoid, conservando Daredan en las Joyas.
Así, queda reflejado en este documento las fronteras en los sistemas de Dared
que se consignan a continuación [...] Tomamos, además, parte en
los pagos de compensación a la República.
[...]
Trald Vukenda y Khaitetha Meramad, en nombre del Cartel, [...] suscribimos
el armisticio, [...] rescindimos asimismo del acuerdo alcanzado con el Imperio [...]
y acordamos respetar los nuevos acuerdos y fronteras.
Tomamos, además, parte en los pagos de compensación a la República.
[...]
Seraphim Dalamaro y Su Reverendísima Eminencia GilGalaad, como asociados al Cartel
firmamos y acatamos los acuerdos y fronteras de este armisticio,
retirándonos a Bedaleya con permiso de Su Graciosa Emperatriz, así como
acordamos cesar en las actividades bélicas en Devoid y Heimatar. [...]
Renunciamos también a nuestro cuerpo de Soldados Cruzados prometiendo
sobre nuestros sagrados escritos separar Ejército de la vida religiosa.
Tomamos, además, parte en los pagos de compensación a la República.

(Extracto del Armisticio de Esescama, año 114)



Utopia, Planeta VI, Moon 22, Outpost Domination Assembly Plant de Angel Cartel
Heaven (Curse) [New Eden]
10.25AM del 3 de marzo del año 132


- ¿Prior Digitos? – gritó un hombre en la pasarela de desembarco. Destacaba sobre el resto debido a su gran altura y corpulencia. – ¡Prior! Es un placer verte de nuevo, compañero.

- ¿Visitante? Vaya, no te esperábamos. De hecho, te hacíamos aún en Oris – El Prior Digitos, un hombre cuya complexión había conocido tiempos más atléticos, era el encargado del Priorato de Heaven, una Academia donde se formaban los nuevos sacerdotes. – ¿Cómo es que tus andares te han devuelto a Utopia?

- Bueno, me temo que eso es secreto de estado.

- ¿Secreto de estado? ¿No debería preguntar de qué estado, verdad?

- Efectivamente, no deberías preguntar. Padre, me alojo en los apartamentos aledaños a la Catedral, ¿querríais acompañarme en el camino y así ponerme al día? Veo Utopia muy cambiado.

- Me pilla de camino. Acabo de regresar de una misión de reconocimiento y tengo que regresar al Priorato.

- Vaya, ¿una misión de reconocimiento? No sabía que habías rescatado tu título de comandante.

- Es que no lo he rescatado – rió Digitos mientras echaba a su espalda el petate. – Renuncié cuando tomé los hábitos hace ya casi 19 años. Pero eso tú ya lo sabes. Iba en calidad de capellán.

- ¿Sigue siendo tabú hablar del desastre?

- Me temo que sí. No hace ni dos décadas que el Imperio perdió la guerra. Aún estamos pagando los costes de aquellos tres años, además de haber tenido que liberar prisioneros, recluirnos en Curse…

- ¿Recluiros en Curse? Tenemos evangelizadores tanto en el Imperio como el Estado. He visto las insignias de Utopia, de los Ángeles y del Sumo en las naves que custodian las stargates de Bedaleya.

- También tenemos al padre Guirado, que está predicando en Dodixie.

- ¿Los gallente os han dejado entrar a evangelizar? Yo no llamaría reclusión a eso.

- Sabes bien que no podemos movilizar nada que sea remotamente militar más allá de Delerik. Los que enviamos a evangelizar son estrechamente vigilados en sus destinos. Somos un culto maldito desde el desastre del 114. En cambio, Blood Raiders han cobrado fuerza y el culto a Sani Sabik se ha extendido fuera de Delve, y Omir Sarikusa es cada día más poderosos. Se rumorea que han alcanzado un acuerdo comercial con la Federación, y nuestros amigos los Serpentis están siendo bloqueados comercialmente en todo territorio gallente y minmatar. Las cosas estaban feas, pero en este último año es una situación cada vez más peliaguda. Si no se soluciona el bloqueo comercial a Serpentis probablemente entren en guerra y nosotros tengamos que responder a nuestros aliados. Y no estamos en posición de hacerlo. No tenemos recursos económicos, ni militares.

- No soy portador de buenas noticias, entonces.

Habían llegado a una estancia enorme, que imitaba la luz natural de una estrella y recreaba las condiciones de un planeta. En pleno centro había una plaza donde se elevaba, majestuosa “Casa de Dios” la catedral de Utopia y el mayor tesoro del Cartel, construido en los tiempos de gloria en que los Ángeles campaban por todo el Imperio y el Estado, cuando las relaciones entre Curse y el trono de Amarr eran fluidas. Con más de 400 metros de altura, era el edificio religioso más alto de New Eden. Rematado en su parte superior con una cúpula que abarcaba la totalidad de la extensión de la cubierta, sostenida por delgados y estilizados arbotantes. La luz incidía directamente en el ábside que sobresalía de la planta elíptica, causando un efecto luminoso que rodeaba el edificio de una luz difusa. El prior se detuvo y miró el edificio. Un poco más abajo, una hilera de edificios que rodeaban la plaza completaba la circunferencia de la estancia. Entre ellos, un pequeño edificio de metal con un tejado acabado en punta sobresalía un poco sobre los demás, empequeñecidos por la majestuosidad de la catedral. Hacia allí dirigió el prior sus pasos con lentitud. Visitante no pudo dejar de dirigir la vista hacia la catedral, y después siguió sus pasos, agarrándole de un brazo al alcanzarle.

- Nuestros caminos se separan aquí, padre prior. – Digitos extrañado miró la mano que le agarraba el brazo con excesiva fuerza. – Escúchame atento, Commander Digitos, Marqués de Hasateem, Bendito de los Ángeles – Digitos se asustó. Hacía más de dieciocho años que nadie se refería a él con los antiguos títulos y honores. – Escúchame bien, y presta atención a todas y cada una de mis palabras, pues en ellas hay verdad y futuro. La loba ha sido cazada. Los cazadores se arman. La Madre ha sido despertada. Rahaladon ya no guarda el tiempo. Me has entendido, ¿verdad? – Digitos miró fijamente a Visitante. Después asintió lentamente.

- ¿Es confidencial?

- Sí… de Doril hacia afuera. Es hora de armarse.

- El Sumo debería estar informado de esto. Y los Ángeles también.

- Esa es mi misión, no la tuya. ¿Colgarás los hábitos?

- Dios me llamó a servirle en la paz. No puedo… – calló ante la mirada taladradora que le dirigía Visitante.

- Ve en paz, padre prior.

- No te apartes de los senderos del Señor, hermano.

Digitos se quedó mirando como Visitante caminaba hacia uno de los pasillos que salían de la enorme plaza. Desazonado, meneó la cabeza. Sus palabras resultaban enigmáticas quizá, pero había usado un código que cualquier veterano del Armisticio de Esescama podía entender. Echó a andar deprisa al priorato, deseando llegar por fin. Al entrar dentro, un remanso de paz invadió su interior. Aquella había sido, exceptuando los viajes como capellán a bordo de las naves de guardia en Curse, su hogar los últimos dieciocho años. Cuando dejó la carrera militar, después de la derrota que sufrió su flota en Sasoutikh donde sólo salvaron la vida doce capsuleers, ocho de ellos gracias al servicio de clonación, prometió a Dios que le serviría para buscar la paz. Ahora la guerra de nuevo llamaba a su casa. Dejó el petate junto a la puerta y avanzo hacia los bancos, donde se reclinó para poder meditar en una postura que para él era más que natural. La guerra llamaba, llamaba. Pero él había prometido servicio para la paz. ¿Debía colgar los hábitos? Estaba descartado ser un soldado de Dios, los Cruzados habían sido erradicados por el Armisticio de Esescama. En su momento, los Ángeles y los Cruzados habían combatido a las órdenes de los Grandes Señores de Curse.

- Pero esos tiempos han pasado, Señor. Dime, ilumíname, mándame una señal. ¿Qué debo hacer? Te prometí la paz, pero la guerra viene a Rahadalon, Señor. Tus caminos son tortuosos, guíame en ellos.

- Dice uno de los libros de la Universidad, padre prior, que si quieres buscar la paz, has de hacer primero la guerra. Lo siento, no pude evitar oír tu oración. – El hombre, que estaba en la entrada de la capilla, se agachó, cogió el petate de Digitos y se lo echó al hombro. – Bienvenido a casa, padre prior.

- Gracias, hermano Kin’Akhork. Que las bendiciones caigan sobre ti.

- Padre… ¿es cierto que hay guerra? - Kin’Akhork frunció el ceño al preguntar aquello. Cuando a los pocos años de unirse él al Cártel en una operación militar que quedaba lejana en su mente, finalizó la guerra, se había aposentado en la paz interior que le proporcionaba el servicio monástico.

- Visitante afirma que la habrá. Nunca he visto equivocarse a Visitante.

- ¿Visitante está en Utopia? – preguntó Kin’Akhork ansioso.

- Ha llegado hoy. Y no ha traído buenas noticias, parece ser. Le he visto ir en dirección al hogar del Seraphim. Y me ha dicho que la emperatriz ha muerto.

- Habrá guerra, pues. La cuestión es, ¿entre quien?

- Guerra civil, guerra universal… Prometimos hace dieciocho años que serviríamos a la paz de Dios.

- Padre prior, no quisiera ofenderle. Pero si va a haber guerra en Curse, tenemos que pelear para poder establecer la paz de Dios.

- Hermano, las tribulaciones llenan mi cabeza. Acompañadme a la cocina. Quizá comiendo y llenando mi estómago, evite algunas de ellas. Hemos de darnos prisa para llegar a vísperas a la catedral y participas en la liturgia.

11.50AM del 3 de marzo del año 132

- Eminencias, ha llegado. ¿Lo hago entrar?

- Hazlo ya. – Seraphim Dalamaro se levantó. Su presencia inundó la sala. Los Ángeles, denominados así por pertenecer al consejo del Cártel, vestían con largas túnicas de color rojo sangre ribeteadas de dorado. Estaba en el extremo de una gran mesa, presidiendo, donde había sentadas otras ocho personas. Entre ellas, destacaban dos Ángeles más, sentadas a ambos lados del Seraphim. Una mujer con rango de Ophamin, o Trono, y una Cherubim. Tres militares se sentaban al lado de la Ophanim completando así un extremo de la mesa. En el lado contrario al Seraphim, un sacerdote presidía el otro extremo, con el asiento de su derecha vacante. Entre el asiento vacío y la Cherubim, un hombre y una mujer, con aspecto de monje y ella vestida con ropas informales de civil, aguardaban expectantes. La puerta se abrió, dando paso a Visitante, que hizo una reverencia.

- Señores, Eminencias, Padres, Superiores, largos años han pasado de nuestra última reunión. Es un placer estar de nuevo aquí en Utopia con vosotros, y este humilde servidor solicita asiento.

El Seraphim sonrió mientras le señalaba con un ademán la silla vacía.

- El placer es nuestro, Señor. Sed bienvenidos a Utopia y al Consejo de Curse. Estamos todos, demos comienzo a la reunión, pues. Dieciocho años hace que nos reunimos la última vez, y aquí estáis, acudiendo a mi llamada como si fuera ayer. Algunos habéis hecho viajes de semanas para estar aquí. – Inclinó la cabeza hacia el monje, la civil y Visitante. – Pero ya hemos llegado. Aún está fresco en la mente de todos nosotros el Gran Desastre del 114. – Algunos se estremecieron mientras el monje los observaba con dureza. Los militares cruzaron miradas preocupados. – Este consejo nunca fue portavoz de buenas noticias, hermanos, así que no os estremezcáis. Juramos combatir a la República Minmatar, y la República Minmatar nos derrotó. Ahora quieren exterminarnos.

Visitante se levantó de la silla y recorrió la mesa con la mirada, parándose en cada uno de ellos:

- Dieciocho años han pasado. Y no han pasado en balde para ninguno de nosotros. Eminencia GilGalaad, Capitán Melkior, General Melkan, Comodoro Nix, Ophanim Galadriel, Seraphim Dalamaro, Cherubim Daimiel, Padre Milenrrama, Lady Strelok. Pero seguimos aquí. Dios no nos ha retirado su favor. Somos los Grandes Señores de Heaven, y es ahora nuestro momento de luchar. Soy portador de noticias, que el concilio juzgue si buenas o malas.

- Decidlas pues, hermano Rhebian.

- Primero he de empezar por el principio. Por lo que no sabéis. Sé que vuestra confianza en mí nunca flaqueó, y sabíais que tenía una misión que cumplir, aunque desconocíais cual. Cuando Sasoutikh cayó, el padre Milenrrama me encomendó una misión. Tenía que perder mi identidad, caer en el anonimato. Huir del Imperio y mezclarme con el resto de la gente. Me convertí en muchos nombres. Incluso aquí, la gente olvidó mi verdadero nombre y mi verdadero título. No fui más Rhebian el Redentor. Sólo vosotros y seis personas más conocían mi verdadera identidad. La única persona fuera de Curse que la conocía era la propia emperatriz. Me convertí en Visitante. En estos dieciocho años, he visitado prácticamente todo New Eden. He vivido en Delve, he asistido a los cultos sectarios de Sanik, he caminado por los outpost de Fountain, he dado clases en Hedion, he caminado por Caille, he comerciado en Hek y me han atracado en Rens. He pirateado en Rancer y he mendigado en Jita. Y siempre he visto, escuchado y callado. En los últimos meses, las cosas se han ido poniendo feas. Gallente ha retirado a todos sus embajadores y cónsules del Estado Caldari y del Imperio. Están bloqueando a nuestros aliados Serpentis, intentando derrumbar su economía, crítica desde la crisis que sufrieron en 126. Están reforzando Kamela y el Imperio está movilizando tropas a Nakatre. Se huele el estallido de la guerra en el aire.

- Y todo eso… ¿como nos afecta a nosotros? – preguntó Lady Strelok. – Heaven es actualmente un cero a la izquierda en la política universal. No disponemos de suficiente ejército ni fuerza militar. Apenas quedan capsuleers.

- Milady, hay rumores de que van a atacar Nakatre. Nakatre es el acceso a Mendori y Rahadalon. Y allí están las puertas a Bedaleya. La República tiene una espinita clavada con nosotros.

- Pero Redentor – interrumpió el general Melkan – Rahadalon está más que protegido. Nuestros enemigos tendrían que conquistar el acceso a Sendaya sistema a sistema. Y luego está Doril. Nuestro Seraphim no dejará que su sistema caiga.

- Redentor, Doril es inexpugnable – afirmó Seraphim Dalamaro.

- No lo niego, Seraphim, pero eso no es todo. Hay grupos descontentos también en el Imperio. Se hacen llamar a sí mismos seguidores de Sanik. Es un movimiento sectario procedente de la contaminación religiosa que está sufriendo el imperio por parte de la facción Blood Raider. Muchos jóvenes están convencidos de que la fe verdadera ha de ser exterminada.

- Son una minoría, según tengo entendido. – GilGalaad se puso en pie. – Blood Raider tiene peso más allá de Wicked Creek pero es minoritario y endeble.

- Eminencia, disiento – Rhebian miró a los ojos a GilGalaad. – Han asesinado a la emperatriz.

- ¡No! ¡Imposible! ¡No se atreverían! – Las exclamaciones de sorpresa llenaron la mesa, hasta que Milenrrama se levantó – ¡Silencio! Hermano Rhebian, con todos los respetos, nos habríamos enterado.

- Con todos mis respetos, profeta, vivís apartados del resto del universo. Murió hace cuatro días, asesinada a manos de ese movimiento que llamáis minoritario. Las grandes familias llevan reunidas dos días ya. Y… ¿adivináis quien es el candidato más fuerte al trono? ¡Sí! Alanir Ardishapur, líder no oficial del movimiento no tan minoritario de Blood Raider. – Las exclamaciones de preocupación y agitación volvieron a llenar la mesa – Podéis creerme o cuestionarme. Pero creo que tardaríamos menos aceptando la realidad. Hermanos, hermanas… tenemos que tomar acciones. Revuelo en minmatar es algo que podemos aceptar. Revuelo en gallente también. Pero hace años que no tenemos fuerzas militares. Si apoyamos a nuestros aliados para que ellos nos apoyen a nosotros, serían tres frentes: Gallente y Minmatar por un lado, Blood Raiders otro y el Imperio por el frente. Y os recuerdo que nuestra frontera colinda con el Imperio.

- Tenemos que enviar mensajes a todos nuestros fieles, evangelizadores y amigos que están dispersos por New Eden. Tienen que regresar a Curse antes de que explote la situación y no puedan hacerlo.

- Estoy de acuerdo, Ophanim – coincidió el Comodoro Nix. – Ademásm propongo que resucitemos a los Divinos Cruzados. Si va a estallar una guerra, de nada servirá guardar las formas del tratado de Esescama.

- Hace años que anulamos la Orden, casi no disponemos de capsuleers. – Lady Strelok se inclinó sobre la mesa – Apenas podríais encontrar 50 o 60 en todo Heaven, y no tendremos tiempo de entrenar a nadie.

- Esta el Priorato. En el priorato hay muchos ex-capsuleers, re-enganchémosles como capsuleers o como entrenadores – propuso GilGalaad. – Pueden ser un apoyo fuertísimo para las naves tripuladas.

- El Priorato de la Paz está dedicado a la paz – ironizó Daimiel.

- También está dedicado a Dios. Si queremos que la Casa de Dios y el Priorato de la Paz sigan disfrutando la paz de Heaven tenemos que defender Heaven. Tenemos que defender nuestra República de los Cielos. – GilGalaad dio un golpe en la mesa – Yo mismo fui un Divino Cruzado hace dieciocho años, y puedo serlo ahora. Hermanos, yo, Señor de Utopia y Utopia iremos a la guerra. Y querría que fuéramos unidos.

- Resucitemos a los Divinos Cruzados pues – secundó Dalamaro. – Doril es la puerta de Heaven. Si Doril cae, Heaven está jodido. Utopia y Doril han ido siempre de la mano, si el Señor de Utopia va a la guerra, el Señor de Doril lo acompaña. Eminencia, combatamos juntos, como en los viejos tiempos.

- Es una locura. Sin el Imperio, perderemos el stargate de Rahadalon en apenas días. En unas semanas, estarán en Sendaya. – intervino con calma el capitán Melkior. Su acento de gallentean de su patria de nacimiento aún se dejaba notar. – Los militares aquí presentes somos tratados como Señores de Heaven, aunque no lo seamos. Como representantes de los Señores de la Marca de Bedaleya, Melkan, Nix y yo mismo iremos a la guerra. Somos capsuleers y estamos en condiciones de comandar. Ademas, estoy seguro que otros, como el Comandante Digitos, ahora Prior, se unirían a nosotros. Sigue siendo el Marqués de Hasateem aunque no haya vuelto a salir de Heaven.

- En tanto que Señor de Jamunda, nosotros siempre hemos lindado con Catch. Estamos listos para ir a la guerra, y podemos aportar números al total. – Afirmó Rhebian. – Jamunda también va a la guerra, mis señores. Y ya somos mayoría en el concilio.

- No tenemos apoyos, ¿cuánto resistiremos? – cuestiono Galadriel.

- Nuestros aliados de Serpentis necesitan ayuda igual y necesitan tener el frente de Bedaleya cubierto. Podemos enviarles mensajes de socorro – intervino Milenrrama – Y las familias de Sarum y Tash-Murkon siempre nos han apoyado, podemos solicitarles refuerzos. No creo que todo el Imperio caiga en las garras de ese abominable culto. Dios nos proveerá fuerzas y refuerzos. Litom también va a la guerra.

- No tenemos muchas más opciones – repuso Daimiel. – Si el consejo decide que hay que ir a la guerra, la República de los Cielos tendrá que pelear. Los Ángeles seguiremos al Seraphim. Y el Cartel seguramente nos dará su apoyo. Así que hablo en nombre de Galadriel y el mío cuando digo que Hemin y Jorund acudiremos a la batalla.

Todo el consejo clavó su mirada en Lady Strelok. Esta suspiró.

- Farit apenas tiene peso como entidad en el consejo. Si Heaven va a la guerra, que arda Curse antes de que nos dejemos matar sin defensa. No puedo oponerme, aunque lo desearía con toda mi alma.



5:15PM del 16 de noviembre del año 132

- Aquí Capitán Melkior en ‘Avis’, clase Widow. Las tropas enemigas están en Mendori. Están comenzando a cerrar los accesos a las stargates. Las naves ya no tienen acceso a Rahadalon, repito, las naves ya no tienen acceso a Rahadalon, han clausurado el stargate. Hemos perdido contacto con los exiliados que venian a refugiarse aquí. Repito, no tenemos contacto con la flota de Namo Mandos.

- Aquí Comodoro Nix. En ‘Freedom’, clase Rifter. Esté preparado para regresar a Nakah. Estamos tomando posición para abrir cynosural field y proporcionarle escape.

- Recibido, ‘Freedom’. Estamos intentando restablecer los contactos con las naves exiliadas.

- ‘Avis’, hemos tenido nueve meses para preparar esto. Hemos perdido muchos efectivos en el reagrupamiento de Curse. No podemos arriesgar la operación por ellos.

- Un minuto más, ‘Freedom’. Sólo un minuto más. Todos son siervos de Dios como lo somos nosotros, merecen que les esperemos un minuto.

- Te concedemos cinco, ‘Avis’. En cinco minutos abriremos cynosural y en ocho, alzaremos las defensas, cerrándolo. Si no estais aquí, no podréis entrar.

- Recibido, ‘Freedom’. Cambio y corto.

Adis Melkior suspiró profundo. Había pasado los últimos nueve meses planificando, elaborando estrategias y discutiendo con el Concilio. Y ahora estaba en una nave tripulada, en su primera operación bélica más allá de Rahadalon en los últimos dieciocho años. Durante los meses anteriores la República de los Cielos se había preparado para la que se había denominado II Cruzada Divina, Alanir Ardishapur se coronó como Emperador de Amarr, Serpentis había declarado oficialmente la guerra a Minmatar y Gallente por el bloqueo comercial, miles de fieles y evangelizadores habían ido llegando por goteo a Utopia, en busca de refugio, y la familia Sarum se había visto obligada a exiliarse de Sarum Prime a Hasateem.

Y allí estaban ahora, esperando a los evangelizadores Guirado y Avui, y al profeta Namo Mandos, que venían desde los extremos en ocho naves con los fieles más alejados de Utopia. Guirado había conseguido salir de la Federación por los pelos, y acompañado por Avui habían recorrido bajo riesgo de muerte muchos lugares del universo, recogiendo a más fieles. Poco después, el profeta Namo Mandos elegía el mismo camino. Debido a ello, no habían conseguido traspasar la stargate de Rahadalon antes de que el emperador y las otras tres familias imperiales alinearan sus tropas más elitistas en Mendori. Ahora ya habían llegado las declaraciones de guerra correspondientes y estaban oficialmente en estado de guerra. Adis había sido enviado con intención de transportar a los cargueros directamente a Nakah a través del Black Ops. Miró el reloj, apenas quedaban dos minutos para la apertura del cynosural.

- Sargento Derrik, de órdenes de iniciar los motores de curvatura.

- ¿No esperamos a las naves, capitán?

- Me temo que si tardan un poco más, habremos de dejar que Dios los proteja. De las órdenes.

- Sí, capitán.

Adis suspiró. La guerra era así de cruel. No estaban como para desperdiciar números, pero tampoco podían arriesgarse a que la flota de Mendori penetrara en Rahadalon por no levantar las correspondientes defensas a tiempo. En ese momento, el comunicador vibró:

- Aquí ‘Seisa’, clase Viator. Habla el Profeta. ¿Me reciben? Aquí ‘Seisa’, clase Viator. Habla el Profeta. ¿Me reciben?

Alborozado, el capitán se apresuró a acercarse al comunicador.

- ¡Sargento! ¡Qué preparen el motor de warp! Nuestros hermanos dan comunicación. Que se dé aviso a la flota de Nakah, rápido.

- Aquí ‘Seisa’, clase Viator. Habla el Profeta. ¿Me reciben?

- Aquí Capitán Melkior en la ‘Avis’ clase Widow. Les recibimos alto y claro, Padre.

- ¡Dios ha escuchado nuestros ruegos! Estamos en las cercanías del planeta III en órbita en Mendori, nuestros radares detectan alto movimiento amarrian en el sistema. Hound, Falcon, Rapier, Pilgrim, Viator, Manticore y Bustard listas para hacer warp a la ‘Avis’ a sus órdenes, capitán.

- Esperábamos ocho naves, Reverendísimo. ¿Dónde está la que falta?

- Guirado, su Arazu y su tripulación han caído en el camino hacia aquí, en Esescama, bajo fuego de Concord.

- ¿Concord? Creía que no tomaban partido en las hostilidades.

- Lo toman, capitán. Estamos en guerra con Concord también. Pero ahora es tiempo de ponernos a salvo todos, ya hemos tardado mucho y hace dos minutos que deberíamos estar en Nakah.

- Inicien warp a mí, Profeta. Introduzcan el santo y seña de la nave para poder tomar el bridge. Será: República.

- Recibido, capitán. Naves en warp hacia vosotros. Las naves están introduciendo las contraseñas.

- ‘Avis’ a ‘Freedom’. Vamos a efectuar el salto. Repito, vamos a efectuar el salto.

- Recibido ‘Freedom’. Esperamos impacientes.

- ¿Reverendo?

- Le recibimos, capitán.

- En cuanto estéis listos.

- Atención, atención. Aquí ‘Ralen’, clase Rapier, al habla Avui. Flota amarrian hostil a 400km de nosotros. Repito, flota enemiga a 400km y acercándose.

- Inicien los saltos, Padre.

- Saltando la Hound y la Manticore, capitán.

- ¡A 300, capitán!

- Iniciando saltos para la Viator y la Bustard.

- Saltos efectivos. Avui, daos prisa las recons, o nos pillarán en bragas.

- Están a solo 160km, capitán, van a comenzar a entrar en rango de disparo.

- Aún quedáis las tres recons, Avui, está activando la Falcon, no nos va a dar tiempo.

- Sí os va a dar capitán. Según entre el Pilgrim, salga del sistema, repito, según active el Pilgrim, salga del sistema.

- Pilgrim comenzando salto.

En ese momento, Adis vio como la Rapier de Avui comenzaba a acelerar en dirección a la flota enemiga, que ya estaba a apenas 60km, y que empezaban a abrir fuego contra la Widow.

- Fin del salto del Pilgrim.

- Aquí ‘Avis’ a ‘Freedom’. Activando el salto. Repito, activando el salto.

En ese momento, un Crusader consiguió inhibir sus motores de salto. Adis intentó maniobrar de manera que se alejara de él, intentando jamearle. A lo lejos, el panel de control le indicó que la Rapier de Avui, que había intentado ralentizar a la flota enemiga para que no llegara a tiempo de cazar el Widow, comenzaba a recibir impactos, explotando casi al instante. En ese momento, el Crusader perdió el objetivo, y la Widow consiguió realizar el salto hacia el cynosural de Nakah, mientras los restos de la Rapier aún se dispersaban en el vacío.

Al aparecer al otro lado, su radio se llenó de intercomunicaciones. Se levantaban las defensas de Nakah y Rahadalon, se cerraba el cynosural abierto por el Comodoro Nix, comenzaba la guerra, y con ella, el asedio.

A pesar de todas las cosas vividas. A pesar de la guerra del Gran Desastre. Pese a que aún tenía que comunicar al resto de los Señores de Heaven la noticia relativa a Concord. Era un hombre duro, un hombre que se había curtido en una guerra perdida en su juventud, y en una posguerra de crisis en su madurez. No había lamentado nunca una orden, ni un error, ni una acción. Y sin embargo, por una vez, el capitán Melkior se permitió llorar una lágrima, póstumo tributo a Guirado y Avui, los evangelistas que habían pagado con su vida el salvar a los siervos del Señor, y a todos aquellos que valientemente, habían tripulado la Arazu y la Rapier caídas para escoltar al Profeta y a la Viator y la Bustard a pesar de haber podido elegir un camino fácil y seguro meses antes.

- Viva la República de los Cielos, susurró con voz átona.

(Continuará… )



NdA. Este relato forma parte de una serie de historias enlazadas titulada “El Sueño”. El orden adecuado para leerlas es:

- El Sueño: Viaje al corazón (publicado)

- El Sueño: República (publicado)

- El Sueño: Imperio

- El Sueño: Utopía

- El Sueño: Redención

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NotaPublicado: 28 Jul 2011, 00:20 
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A petición, posteo el capítulo 2 de nuestro último relato publicado en el blog de Divine.

Podéis consultar la entrada original aquí

Capítulo III: "Imperio"

"'Y nueve territorios les fueron concedidos
a los Grandes Señores de Utopia.
El Ducado de Farit a Lady Strelok,
Jamunda a Rhebian Redentor,
Litom se encomendó al Profeta Milenrrama,
Jorund y Hemin fueron entregados a los Ángeles,
Y Ophanim Galadriel y Cherubim Daimiel los administran.
Utopia, capital de Heaven, se encomendó a GilGalaad,
Sumo Sacerdote y guía espiritual del Cártel.
Doril, puerta y baluarte, se le cedió a Seraphim Dalamaro.'
[...]
'Bedaleya fue entregado a los antiguos líderes de los Divinos Cruzados.
Ellos, en nombre de sus superiores de Heaven,
administraron y gobernaron en su nombre
y ellos fueron sus Señores'"

(Las Angelíadas, por el Comodoro Nix, pág. 122)

Mifrata, Stargate con Sendaya. 14 de diciembre del 132

- Aquí Digitos, aquí Digitos. ¿Me recibe?

- Alto y claro, prior.

- Que avisen a Doril que estamos extendiendo las defensas de Mifrata, pero necesitamos refuerzos, Melkior. ¿Cuantos estáis listos en Sendaya?

- Aquí estamos cuatro destacamentos, señor. Estamos Nix, Melkan, Adrestias, un servidor y el Redentor. Somos mil navíos en total, prior.

- Que Nix venga hacia Mifrata con Adrestias. ¿Los Señores de Heaven no van a intervenir?

- No sabemos, señor. El Redentor llegó hace apenas tres horas con un pequeño destacamento de cien naves de alta tecnología, pero no nos han hecho saber aún su misión.

- Contacten con ellos, necesitamos rápidamente órdenes concretas.

- Señor, ¿se defenderá Mifrata?

- Eso espero. Desde que se derrumbó Nakah, no hemos hecho más que ceder territorio. Si pasan de aquí, Bedaleya no tendrá más oportunidades.

- Cambio y corto, prior, voy a retransmitir las peticiones de refuerzo.

Digitos suspiró profundamente. Se hallaba al frente del puente de mando de la 'Neris', un archon que era el buque insignia de su destacamento. Durante el último mes, había estado trabajando más de doce horas, dentro de una cápsula, a bordo de una purifier, codo con codo con sus soldados, en un destacamento de suicidas que intentaban dificultar al máximo el avance de las tropas imperiales. Algo que era una tarea propia de Sísifo, cuantas más naves enemigas derribaban, más aparecían detrás. Cada nave del Cártel caída, era un hachazo que cercenaba las esperanzas de Bedaleya y Heaven. En cambio, el Imperio disponía de miles de capsuleers. Pensativo, y mirando las pantallas del puente de mando, Digitos comenzó a silbar. Un soldado entró corriendo en la sala y se acercó a él.

- ¡Comandante! Comandante Digitos, hay un mensaje urgente de... ¿señor? - preguntó el soldado desconcertado por la falta de atención de Digitos, que se volvió despacio a mirarle. - Hay un mensaje urgente de la sala de comunicaciones, señor. Han encontrado un agujero de gusano cerca del planeta V. Creen que quizá no sea natural. Aún no se ha explorado donde va.

- Hijo mío, ¿conoces la leyenda de Rahadalon y Bedaleya?

- ¿Cómo? Comandante, yo... el agujero.

- Escúchame. Y hazlo atentamente. Contesta sólo a mis preguntas. ¿Cuál es tu nombre?

- Ruca, mi señor, del escuadrón III de su destacamento, señor.

- Llámame Padre, soy, ante todo, Prior y servidor de Dios.

- Sí, señor, digo Padre.

- Entonces, ¿conoces o no la leyenda?

- No, Padre.

- Hubo una vez, antes de que el mundo fuera mundo, y mucho antes de que el Universo tuviera forma, antes del comienzo siquiera de los tiempos, en que había un Gran Arquitecto. Y ese Arquitecto, Sabio, Todopoderoso, y nuestro Señor, a quien adoramos con gran fervor, creó dos seres singulares. Rahadalon, y Bedaleya. Y ellos fueron durante muchos tiempos el Señor del Tiempo, y la Reina de la Existencia. Y ellos crearon lo que hoy ves. Crearon nuestra alma, y de ellos nacimos los humanos como somos. Ellos nos dieron la hermosura, los sentimientos, el amor... Pero para que nosotros naciéramos, el Gran Creador, tuvo que matarlos. Por eso hoy, las entradas a nuestros cielos terrenales, se denominan Rahadalon y Bedaleya. Y en honor a Bedaleya pelearemos hoy, mañana y hasta el fin de los tiempos, para conservar su hermosura.

- Señor, pero...

- Padre, no señor. ¿Has escuchado atentamente?

- Sí, padre, pero yo sólo...

- Bien. - Digitos volvió a mirar a las pantallas. una lágrima corría por su rostro. Ruca calló, sobrecogido - Los Grandes Señores y los Señores de Bedaleya conocemos esta leyenda, escuchada de boca de un anciano, y transmitida oralmente. Seraphim Dalamaro me la contó a mí, y hoy te la cuento yo. Dios me ha dejado saber mi porvenir. Hoy moriré sirviéndole. - Digitos volvió a mirar fijamente a Ruca - No, no digas nada. Y no, no chocheo, aunque como buen soldado, deberás dudar de mis palabras. - Digitos miró la pantalla y suspiró - Dentro de diez minutos, creare un pequeño agujero de gusano en el planeta I. La 'Neris' ya está preparando la energía necesaria para ello en las bodegas. Quiero que cojas una shuttle, la más veloz que haya en las bahías, atravieses ese pequeño agujero, que se abrirá para ti muy brevemente. Atraviésalo sin pensar, sin cuestionar, sin dudar. Y busca tu camino para agradar a Dios. No olvides transmitir la leyenda a alguien antes de fallecer. A partir de hoy, eres el legítimo señor de Hasateem.

- Pero, padre... ¿por qué yo?

- ¿Y por qué yo? ¿O por qué no? El corazón me ha dado un vuelco cuando has entrado, y he sentido el impulso de hablarte, a pesar de saber que traías noticias urgentes. Los caminos del Señor son inescrutables, pero a veces... a veces enciende una tea. Y esa tea, eres tú, yo ya estoy consumiendo mis últimos rayos de luz. Ahora, ¡ve! ¡No pierdas más tiempo! Apenas tienes unos minutos.

Ruca salió corriendo de la sala. Digitos volvió a suspirar, mientras más lágrimas recorrían su cara. Finalmente, apretó un botón:

- Que ejecuten la orden 122 en 300 segundos. - Soltó el botón, y esperó. Al cabo de un rato, observó a través del scanner como un agujero era abierto el tiempo justo para que una nave lo atravesara, después de cerrarse, discretamente. Acto seguido, con una mueca en la cara, susurró: Señor, durante toda mi vida he seguido tu camino concienzudamente. He hecho lo que Tu Luz me indicaba. No nos abandones ahora, por favor, te rogamos.

- Señor, el agujero localizado en V conecta directamente con Nakah y es artificial - otro soldado irrumpió en la sala de mando - ¿Órdenes, señor?

- Que alerten a todo el destacamento. Si guerra quieren, guerra tendrán. Quiero toda la flota capital y soporte allí. ¿Han llegado ya el Comodoro y Adrestias?

- Sí, señor. Esperan en el stargate de Sendaya órdenes. Que se queden defendiendo Sendaya. Si nosotros caemos, más valdrá que estén allí. Avísales de la que se nos viene encima, y que pidan refuerzos. De la alarma y que todos se coloquen en su puesto. ¿Qué coño hace aún aquí?

- ¡Sí, Señor, enseguida, señor!

El archon comenzó a desplazarse en dirección al planeta V, junto con el resto del destacamento. De las casi trescientas naves que componían la flota de Digitos, ninguna estaba tripulada por capsuleers, que eran reservados para las mejores naves y misiones más especiales. Apenas unos minutos después, estaban situados frente al agujero de gusano, que resultaba hipnotizante.

- Capitanes de las naves, aquí el Prior Digitos al habla. Quiero que se alineen en formación de escuadra. Que las naves de soporte se coloquen delante de la flota capital. Los taklers, que se lancen a frenarlos según aparezcan, carriers, mantenedlos vivos. En esta batalla estamos solos, compañeros, así que atentos a las órdenes. - Digitos respiró hondo, alzó la barbilla y siguió atentamente las evoluciones del agujero en sus pantallas, que brilló débilmente. - Adelante chicos, ahí vienen. - Distintos puntos comenzaron a aparecer en el agujero, que se estremeció. - No tienen demasiada potencia en ese agujero, chicos, van a intentar meternos una flota capital, aún podemos conservar este baluarte. ¡Allá vamos! ¡Primaria la Rapier del cuadrante 42! ¡Enfocad el fuego en la Rapier del cuadrante 42! ¡Tarjetead la Falcon del cuadrante 34, rápido chicos! ¡Rapier en estructura! ¡Rapier fuera! ¡Primaria la Falcon del cuadrante 34! ¡Ha abierto cynosural! ¡Explotó, muy bien! ¡Primaria la Rapier del 22! ¡Tarjetead el Arazu del 36! ¡Han abierto cynosural, daos prisa! ¡Primaria esa Arazu!

Mientras el Rapier explotaba, Digitos se dio cuenta que había comenzado la verdadera batalla. Cada vez aparecían más puntos en el radar, pronto se verían superados. Los imperialistas habían comenzado a reparar el Arazu que les abría paso, que se debatía aún entre la vida y la muerte. El comunicador chisporroteó:

- 1156 naves, señor. Estamos superados en proporción de cinco a uno. Traen 789 naves de soporte, 68 electrónicas, 87 naves de logística, 210 carriers, y dos Avatares, Comandante. Van a masacrarnos, ¿ordeno la retirada?

- Capitanes... - Digitos hizo una pausa mientras por su cabeza pasaba velozmente una reconsideración a su decisión - ¡Primaria Abaddon de cuadrante 28, 25-63! ¡Concentren fuego, capitanes! ¡Soliciten reparaciones quienes lo necesiten! ¡Apunten! 5... 4... 3... 2... 1... ¡FUEGO! ¡Tarjeteando a la Apocalypse de 32, 48-96! 5... 4... 3... 2... 1... ¡FUEGO! - Digitos contemplaba como iban cayendo instantáneamente las naves del bando contrario que el iba nombrando. Sabía, por supuesto, que en su bando también había bajas, pero veía como iban haciendo daño. Mientras nombraba los siguientes objetivos, de fondo, con la pericia de los viejos soldados, escuchaba los datos proporcionados por los exploradores.

- 42 bajas por nuestra parte, 295 vivos aún, señor. 116 bajas por su parte.

- ¡Primaria Prophecy 45,26-89! 3... 2... 1... ¡FUEGO! ¡Primaria Guardian 46, 54,95! 3... 2... 1... ¡FUEGO!

- 'Neris', uno de los Avatares ha lanzado Doomsday sobre la 'Puk', de clase Chimera, seguimos llevando delantera a pesar de la desventaja.

- ¡El Avatar ha lanzado el Doomsday! ¡Taklers, quiero que lo retengáis! ¡Soporte! ¡Primario Avatar, cuadrante 51, 78-52! ¡Vamos, fuego!

- 241 entre nosotros, ellos apenas son 992. ¡Avatar en armadura, señor!

Digitos se quedó un momento en silencio, tenso. Acababan de reducir una desventaja 5:1 a 4:1 y estaban atacando uno de los buques insignia de la flota del Emperador. Sabía que si conseguía derribar ese Avatar, no sería deshonroso retirarse.

- Comandante, han recobrado iniciativa, acabamos de perder 22 naves, mientras que ellos siguen con 992 efectivos.

- ¡No importa, que sigan focalizando el fuego sobre el Avatar!

- Avatar en media armadura, Comandante.

- ¡Seguid así! - Estaban a punto de conseguirlo. La adrenalina le corría por las venas. El nudo en el estómago era enorme. - ¡Vamos, chicos, no desfallezcáis! ¡El Señor está hoy con nosotros! Gran Arquitecto que iluminas nuestros días, te rogamos que concedas esta victoria a tu ejército y tu República. - rezó brevemente con los labios temblando.

- Comandante, ya sólo somos 201, frente a sus 992, Avatar entrando en estructura.

- ¡Forzad las armas! ¡Quemad las artillerías! ¡Si se os acaba la metralla, disparad lo que tengáis a mano! - aulló Digitos - ¡Taklers, no quiero verlo escapar!

- 198 frente a 900, titán a punto de poder abandonar el sistema de nuevo, señor. Está a media estructura. Está a 74% de estructura, señor. 80% estructura, señor. ¡Va a explotar, Comandan.... HA EXPLOTADO!

- ¡Mantengan la calma. Alineen al stargate de Sendaya. Taklers, ralentizar a sus taklers, electrónicos, intentad liberar a todos los nuestros que podáis, vamos a iniciar warp.

- Comandante, el segundo Avatar está preparando el Doomsday y está alineado hacia el 'Neris'. Abandonen ya la zona, repito, es necesario que abandone la zona, Comandante.

- Las órdenes aquí las doy yo. Capitanes, inicien el warp.- Digitos contempló en la pantalla como, casi a cámara lenta, iba llegando el Doomsday a la nave. Acogió la muerte con calma, abrazándola como una vieja amiga. Durante una milésima de segundo, pareció detenerse el tiempo, congelando todo salvo el potentísimo rayo que partía de la proa del Avatar, que, avanzando envolvió el archon, destrozándolo en una explosión enorme que deslumbró la zona de combate.

- 192, señor. ¡El Avatar ha disparado el Doomsday! Atención a todas las unidades, atención a todas las unidades, Avatar imperial ha disparado Doomsday contra el 'Neris', que ha estallado en pedazos, repito, el 'Neris' ha estallado en pedazos. Desconocemos los daños humanos, pero es posible que apenas haya supervivientes. Aquí 'Cloud', clase Hound, desde el frente de batalla, el destacamento VI, con 192 supervivientes, ha perdido al Comandante Digitos, ¿órdenes?

- Aquí Comodoro Nix, en Mifrata con Sendaya, a bordo de la 'Reven' clase Hel, me acompaña el Capitán Adrestias. Información recibida. Que los supervivientes del destacamento seis se unan al destacamento XII de Adrestias, y establezcan los canales oportunos. Las órdenes actuales son permanecer en el stargate, listos para el combate. Quiero a todo el mundo en sus posiciones. Datos de la flota enemiga?

- 992 naves, señor. Ellos traen un titán clase Avatar, Comodoro.

- Bien, entonces el destacamento I se va a encargar de proteger los límites interiores del stargate, mientras que los más exteriores quedan a cargo de los destacamentos XII y VI. Adrestias, organiza tus tres Nyx de manera que queden en los bordes, y lleguen a todas las naves de los destacamentos bajo tus órdenes.

- A sus órdenes, Comodoro.

- Nix a Melkan, Nix a Melkan.

- Aquí Melkan, Comodoro. ¿Qué ocurre? Hemos interceptado algunos mensajes desalentadores.

- Destacamentos I, VI y XII posicionados en el stargate de Mifrata con Sendaya, Melkan, solicitamos refuerzos en Sendaya con Mifrata para eventual retirada estratégica. La flota imperial se compone de 991 naves. Comunicad a Heaven que el destacamento VI ha sido colocado bajo el mando de Adrestias.

- Ahora mismo retransmito la información, Comodoro.

- Nix, ¿qué ha ocurrido con Digitos? - La voz de Rhebian interrumpió la transmisión.

- Derribado en combate honroso por un Avatar, Redentor.

- Que Dios guíe su alma.

- Amen, hermano, pero ahora tenemos que centrarnos en defender Mifrata.

- Comodoro...

- ¿Sí, Redentor?

- Hazlos entrar en Sendaya. Venguemos la memoria del Prior.

- Sí, señor.

Jeremy Nix suspiró. Digitos, el Señor de Hasateem había estado muy unido a él. Tanto, que había sido precisamente Nix quien lo convenció de retomar el servicio militar. No pudo evitar sentirse un tanto culpable. Habían perdido a Avui al comienzo de la guerra. Aunque Adrestias, su propio hijo, lo había sustituido, fue un mal augurio. En las últimas semanas había participado en operaciones capsuleer con Digitos, Melkan y algunos más, viendo como las tropas imperiales entraban cada vez más adentro de Bedaleya. Y ahora estaban en la puerta de acceso a Sendaya. Casi en Heaven. Digitos había caído, habían perdido casi 23 capsuleers en operaciones de acoso y más de 700 soldados. Ciertamente, el Imperio había perdido más efectivos, pero también tenían un potencial de soldados, capsuleers y clones de los que el Cártel no disponía.

- Capitanes de las naves de la República de los Cielos, preparar los motores para efectuar el salto a Sendaya a mis órdenes.

- Recibido - el intercomunicador resonó con las voces de los comandantes de ala confirmando la orden.

Nix apretó el botón del intercomunicador con los exploradores:

- ¿Alguna novedad?

- No, Comodoro. La flota imperial permanece inmóvil, seguramente ya habéis sido localizados por sus exploradores, y temen enfrentarse a una flota tan igualada.

- Cobardes... - susurró Nix. - Siempre que se enfrentan a nosotros, superándonos en número, los masacramos. Y ahora tienen miedo, jeje. Que tiemblen, pues, ante la Justicia Divina.

- Están alineando en dirección al stargate, Comodoro. Prepárense, las primeras naves están comenzando a warpear.

- Recibido, permanezcan a la espera de órdenes. - Nix suspiró, y volvió a abrir el intercomunicador con el resto de la flota - Están llegando, todos listos. Redentor, ¿me recibes?

- Alto y claro, Nix. ¿Estáis llegando?

- Van llegar al gate, preparaos, vamos a saltar hacia vosotros.

- Estamos listos. ¿Quién es nuestro comandante de flota al otro lado?

- El Seraphim.

- ¡Por Cynabal! Nos comanda el mismísimo Seraphim?

- Sí, están aquí los Señores de Doril y Utopia. ¡Ánimo! Hoy Dios está con nosotros.

- Allá vamos. Corto, Redentor, la flota imperial está llegando. - Con una sonrisa torva, se dirigió de nuevo a los capitanes - Esperen a que la flota imperial abra fuego, después, efectúen el salto a Sendaya y colóquense allí en posición de combate. Naves capitales y supercapitales, en cuanto vean parpadear el indicador de cynosural, procedan a salir en dirección a Sendaya. - Mientras las naves frenaban, Nix notó que el impasse desde la llegada del VI destacamento se había terminado. Notó un renovado vigor, si la jugada salía bien, la flota imperial estaría perdida, y sería una amarga derrota para ellos. En ese preciso instante, observó como una Machariel volaba por los aires justo a su lado. Con calma, procedió a dar la orden. - Que todo el mundo abandone el sistema.

Sendaya, stargate con Mifrata.

Casi 3000 navíos rodeaban el stargate de Mifrata. Suspendidos en el aire, a más de 200km de la puerta, y muy juntos, flotaban tres grandes titanes. Justo delante de ellos, se extendían una miríada de naves que llegaban hasta el stargate, componiendo la flota de soporte. Altivo, el Avatar del Seraphim Dalamaro destacaba en la lejanía sobre el Ragnarok y el Leviathan que capitaneaban Lady Strelok y GilGalaad. Los Señores de Bedaleya, a cargo de la organización de las pequeñas naves de soporte, orbitaban a gran velocidad la puerta, en cuyo centro se situaban Melkior y Melkan, ambos en naves sosteniendo dos grandes burbujas inhibidoras de warp. Los indicadores del stargate indicaron que una nave había efectuado entrada. La voz suave pero potente del Seraphim, se oyó en todos los intercomunicadores:

- No abran fuego, no disparen, no apunten. Limítense a esperar, el verdadero premio está más allá. Si nos ha seguido hasta aquí, van a caer en querer matarnos.

Del stargate apareció una Rapier, que abrió rápidamente sus escudos de invisibilidad. Nadie se movió, nadie hizo ningún ademán. Parecía no haber pasado nada. Súbitamente, el stargate comenzó a brillar desenfrenadamente.

- Sí, señor! Ahí están! Comienza la fiesta. Atentos, empezad a masacrarlos según salgan.

El Rapier apareció a escasos 50km de los tres titanes de la República de los Cielos, donde abrió un cynosural. Comenzaron a aparecer distintas naves capitales alrededor de él, coronadas por la entrada del Avatar. Los transmisores de los exploradores restallaban con la información de la batalla, intentando crear un mapa mental claro al comandante.

- 991 de la flota imperial, señor. Están centrándose en el Leviathan. Procedemos a soltar una salva de bombas en dirección al centro de su flota. Ahí van! Hemos bajado cuatro naves clase battleship, desconocemos clase. Leviathan a 30% de escudo, nuestras logísticas están comenzando a repararle. El Avatar está comenzando a preparar su doomsday. ¡Por todos los Ángeles! El Avatar ha explotado!

Los tres titanes, después de haber lanzado de manera simultánea su doomsday contra el Avatar imperial, humeaban dentro de sus escudos, mientras el Seraphim seguía impartiendo órdenes, los taklers corrían tras los que intentaban escapar, y los destacamentos de Melkior y Melkan intentaban atrapar al máximo número de naves posibles. La voz del Seraphim se elevó clara en los comunicadores:

- Intentad no matar, que todos aborden a las naves enemigas, necesitamos efectivos materiales y personales, la batalla está ganada, que nadie abra fuego para matar si es posible. Lady Strelok, Rhebian, Reverencia, ha sido un placer combatir a su lado.

- El placer ha sido nuestro, Sera... - la voz de GilGalaad se vio interrumpida por un fuerte estampido. Los Señores de Utopia callaron, desconocedores de lo ocurrido. A través del comunicador, comenzaron a oírse gritos, carreras, y disparos. Alguien cogió el comunicador:

- ¿Señores?

- Aquí Seraphim, ¿qué ha ocurrido ahí dentro?

- Soy Lhayela, teniente de la sala de mandos de esta nave. Un terrorista ha disparado a quemarropa al Sumo Sacerdote, que ha fallecido en el instante. Lo siento mucho, Señorías.

Epílogo

En la mesa de reuniones del Consejo de Heaven, las caras eran fúnebres y tristes. Adrestias, junto a otra joven oficial esperaba respetuosamente de pie al lado de la puerta con la cabeza descubierta.

- Seraphim, entonces no hay opción?

- Aún no lo sabemos, Daimiel. Su cuerpo responde a los estímulos nerviosos. Pero está vacío. No hay nada dentro. Ha perdido el alma. Y sin eso, sólo podemos clonar sus células, pero no a él mismo.

- Entonces, necesitaremos un nuevo Sumo Sacerdote, ¿no es así? - Rhebian, con su carácter singular, asumió la cuestión práctica.

- Creo que no estamos listos para un nuevo Sumo Sacerdote, Redentor. Apenas han pasado dos días desde que salvamos Sendaya del Imperio. Aún podemos intentar reanimar su clon, y que vuelva a caminar entre nosotros y guiarnos a la victoria.

- En ese caso, Seraphim - Milenrrama se levantó de la silla. - Propongo que yo mismo me haga cargo de sus funciones hasta que estemos en condiciones de elegir un nuevo Sumo Sacerdote, o hasta que GilGalaad vuelva a caminar entre nosotros.

Lentamente, varias manos se alzaron en la mesa, lánguidamente, dando apoyo a la propuesta. Seraphim dirigió una mirada a los dos soldados que estaban de pie, que asintieron brevemente a la muda interrogación.

- Bien, queda aprobado, pues. Levantemos la sesión.

- Antes de eso, Seraphim, quisiera añadir algo - Milenrrama, que aún no se había sentado, aferró con fuerza la mesa. - Hemos perdido cientos de naves. Y si hablamos de pérdidas humanas, cientos de soldados muertos, familias destrozadas. Perdimos a Avui en Mendori. Cayó Digitos en Mifrata. Y ahora GilGalaad ha muerto, siendo el primer Gran Señor que cae en esta guerra. Propongo convertirlos en mártires. Llevemos nuestra historia más allá de nuestras fronteras. Convirtámoslos en un culto, enfervoricemos a la multitud, que sea el populacho quien se una para impartir justicia. ¡Muerte al Imperio!



NdA. Este relato forma parte de una serie de historias enlazadas titulada “El Sueño”. El orden adecuado para leerlas es:

- El Sueño: Viaje al corazón (publicado)

- El Sueño: República (publicado)

- El Sueño: Imperio (publicado)

- El Sueño: Utopía

- El Sueño: Redención

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NotaPublicado: 21 Feb 2012, 03:53 
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Utopia, "Casa de Dios". 1 de diciembre del 133

La gente iba saliendo de la enorme sala. No había ninguna construcción que se le igualara en todo Curse en belleza y magnificencia. Sus altísimas cristaleras recogían toda la luz artificial que procedía de la plaza artificial creada dentro de la estación, produciendo un extraño color verde debido a las plantas que crecían en el cerco de la plaza. El profeta Namo Mandos permanecía sentado, mientras la gente que pasaba delante de él, le cogía la mano en señal de respeto. A su lado, Kin'Akhork vigilaba con calma, atento a cualquier necesidad, problema, o atropellamiento. Milenrrama, que había presidido el discurso de la finalización del Festival de Luces se acercó a él.

- Buenas noches, padre Mandos. - Al oír su voz, Namo se levantó despacio, apoyándose en Kin'Akhork. - Espero que el discurso haya sido de su agrado.

- ¿Qué esperáis que os conteste... padre? El discurso del cierre del festival siempre ha sido un discurso de esperanza y de paz, no uno de violencia, desconfianza. Usar la memoria de Digitos, de Avui, o del Sumo Sacerdote, como lo has hecho, resulta hasta sucio.

- Os recuerdo, padre, que soy parte del Consejo, y uno de los grandes señores de Curse. Mis palabras han gozado de aceptación en el consejo antes de ser pronunciadas en el estrado. Si condenas mis palabras, condenas las del consejo.

- No silenciaré mi voz por enfrentarme a un señor de Curse, ni por venir del Consejo el discurso es más aceptable. No lo admitís, Milenrrama, pero hace años que dejasteis de oír la voz.

- Padre, eso es una acusación intolerable e infundada - replicó Milenrrama levantando la voz.

- No voceéis, padre. No es necesario llamar la atención de nadie. Si alguien más oyera esta conversación, se correrían rumores, y puede quedar aquí. Pero es patente que no oís la voz. Dios ha cerrado el camino que conduce hacia vos. Ya no camináis en su presencia. Obráis como obran los grandes señores del Imperio, o los famosos... demócratas. - Mandos sonrió mientras Milenrrama se agitaba, nervioso, mirando hacia los lados. - Hay algunos... padre... que creen que hay alguien en el consejo que no está de parte de Dios. Alguien que ya no sigue su luz. Y ese alguien es el responsable de la situación de GilGalaad.

- Le recuerdo que los responsables del atentado ya...

- Marionetas. - interrumpió Mandos. - Marionetas en manos de gente más poderosa, más adinerada... He servido muchos años enfrente del trono amarr. Créame, se ver una traición y un levantamiento.

- ¿Estáis insinuando que yo soy el responsable del atentado?

- No... padre. Sólo estoy informándoos de algo que ha ocurrido dentro del consejo. Confío en que lo investigareis con la máxima discreción. Como supuestos beneficiarios del mismo don de Dios, confío en vuestro buen hacer.

Milenrrama tomó la mano de Mandos, se inclinó levemente ante Kin'Akhork, que durante la escena había fijado su mirada en él, y se dispuso a salir del recinto.

- Bien hijo, salgamos de aquí, ya he cumplido mi misión -dijo Namo a Kin'Akhork. Agarrándose al brazo de su lazarillo, salieron lentamente. Cuando caminaban por el jardín de la plaza, Kin'Akhork habló:

- Padre, ¿no teméis haber sido demasiado directo?

- Me temo, hijo mío, que Milenrrama hace años que nos abandonó. La señal fue clara, es el instigador de la traición interna.

- ¿Por qué no informar al Seraphim, entonces? ¿O a Jeremy Nix?

- Ellos están tan bien informados como yo, Kin'Akhork. No soy el único al que Dios bendice con el don de ver más allá. Su labor es gobernar Heaven, y seguramente ya estén tomando medidas. Nuestra labor, en cambio, nos alejará de la batalla. Sé que voy a pedirte demasiado, hijo mío. Pero es hora de que abandones tu puesto como combatiente de Dios, y asumas el rol que el Señor dispuso para ti.

- No estoy preparado aún, y Digitos...

- Digitos ya no está. Eres el principal candidato a Prior, y si no lo eres ya, es porque nuestro Sumo Sacerdote ya no camina con nosotros.

- Pero ser Prior no me apartaría del combate.

- No. Por eso vas a acompañarme.

- ¿Os marcháis?

- Nos marchamos. A Amarr, a ver a la emperatriz consorte. Es hora de aclarar el embrollo, y ¿qué mejor manera que acudir al centro del ovillo?

- ¿Qué queréis decir?

- Ya lo entenderás. Después, podrás asumir tu puesto en el priorato. Ve preparando el petate.


Utopia. Sala de curas.

Dalamaro contemplaba pensativo la ventana, mientras cruzaba y descruzaba los brazos, de manera repetitiva. Jeremy Nix entró en la sala silenciosamente.

- Seraphim - susurró a modo de saludo, mientras se acercaba a la cama, donde reposaba inerte el cuerpo de GilGalaad.

- He estado esperándoos, Comodoro. - Dalamaro se dio la vuelta, y se acercó a la cama también. - Deseaba hablar con vos.

- Aquí estoy. - Jeremy miró a Dalamaro inquisitivamente. El rostro del Seraphim estaba más envejecido que nunca, y serio como pocas veces.

- Los grandes señores tenemos el don de ver más allá, Comodoro. - Dalamaro hizo una pausa, como esperando a que Jeremy contestara, pero este no se inmutó. - Este era el único lugar donde creí poder hablar contigo.

- Adelante.

- Sólo voy a darte una orden más. Quiero que la obedezcas aunque en ello vaya tu vida. ¿Has entendido?

- Sí, mi señor.- Jeremy se permitió fruncir levemente las cejas y ladear la cabeza.

- Hubo un tiempo, Jeremy, que existían tres grandes gobernantes en Curse. El Seraphim, el Sumo Sacerdote y el Abaddon. El poder político, el religioso y el judicial.

- Lo conozco, señor.

- Bien, las dos figuras nunca desaparecieron realmente. Hubo un momento en la historia, en la que se fusionaron los papeles del Seraphim y el Abaddon en una sola persona. Desde entonces, el consejo de Curse nombra a sus Seraphines también como Abaddons. Hoy, desligo oficialmente el título de Abaddon de mi persona, para concedértelo a ti. Encontrarás las credenciales correspondientes en tus habitaciones.

- Mi Seraphim... he de preguntarlo. ¿Por qué?

- Estamos en una guerra. Como ves, caer es relativamente fácil. Quien hubiera dicho hace quince días, que nuestro Sumo Sacerdote, que tan firme nos guió, yacería en una cama como una carcasa sin vida. He de tomar ciertas medidas, para que, en caso de que falte, haya quien pueda asegurar la separación adecuada de los poderes, y con autoridad como para convocar el consejo. No tenemos Sumo Sacerdote. No nos arriesguemos a quedarnos sin Seraphim y sin Abaddon de un solo plumazo. Repartamos las opciones.

- El profeta Milenrrama...

- Sólo está en funciones. Y aún no se puede proponer una candidatura fuerte.

- Si esa es vuestra orden, la acataré, Señor. ¿Deseáis algo más?

- Sí. Dé las órdenes precisas para que esta noche pueda cubrir una guardia con la nave que este de turno.

- Sí, señor. ¿Permiso para retirarme?

- Retírese... - Jeremy salió de la sala. Dalamaro cerró los ojos. - Abaddon.

Dalamaro se inclinó ante el cuerpo inerte de la cama, y salió de la habitación.


2 de enero del 133. Utopia

- ¡Padre! ¡Padre! - un joven corría hacia Namo Mandos y Kin'Akhork. - ¡Padre, un momento!

- ¿Quién es, hijo mío? - preguntó Mandos a Kin'Akhork mientras se detenía en el camino.

- Parece Anmode, padre. El escribano del profeta Milenrrama.

- Entiendo, hijo. - En aquel momento, Anmode llegó a su altura. - Que las bendiciones sean contigo.

- Y también con vos, padre. Padre, el profeta Milenrrama me pide que le lleve a su presencia, para comunicarle un hallazgo sumamente importante. Haced el favor de seguirme.

- Adelante, indicad a mi lazarillo por dónde ir, y te seguiremos.

- Disculpadme, padre, pero el profeta me indicó específicamente que yo debía ser su lazarillo. De hecho, me indicó que avisará al hermano Kin'Akhork que es necesario en el Priorato.

- Me temo que sobre mi lazarillo aún tengo potestad yo, hijo. Así que, si he de ir a ver a Milenrrama, habré de ir con quien yo elija. Indica el camino unos pasos por delante, que nosotros te seguiremos.- Vacilante, el escribano sopesó mentalmente la idea de no cumplir la orden del profeta, y, finalmente, echó a andar.

- Hijo mío, recuerdas lo que hemos hablado, ¿verdad?

- ¿El viaje? Si, padre.

- Bien... hay que emprenderlo a toda costa. Aunque dejemos todo atrás. ¿Me has entendido?

. Sí, padre, claro.

- Quiero que lo comprendas bien. Nada más salir de donde quiera que nos lleve este joven, has de ir corriendo a la nave que has preparado.

- Lo he comprendido, padre.

- Eso espero.

Mientras caminaban, habían llegado a un pequeño edificio cercano a la plaza de Utopia.

- Es el despacho del profeta - explicó Anmode, nervioso. - Quizá sería mejor que...

- El muchacho viene conmigo. No hay discusión en eso, él es mis ojos.

- Como deseéis, padre. Voy a anunciaros al profeta. - Entró en la puerta, donde reapareció instantes después para indicar que entraran. Namo y Kin'Akhork entraron en el despacho, una sala amplia y poco decorada, con una gran mesa de despacho en medio, donde Milenrrama les observaba con sus ojos cansados.

- Bienvenidos. Sentaos, deseaba tratar unas cosas con vos, padre - dijo mientras señalaba las sillas frente a su mesa. Namo, ayudado por Kin'Akhork, se sentó en una de las sillas, mientras que Kin'Akhork quedó de pie tras él. - Deseaba hablar con vos sobre el tema por el que me abordasteis en la catedral. Aquí no hay tantos oídos indiscretos, salvo que Kin'Akhork cuente como tal.

- Poco más hay que tratar, Milenrrama. Fui lo bastante directo y cortés en la conversación ayer como para no dejar lugar a dudas. Has traicionado a Curse, al Cartel y a Dios. Y yo lo sé.

- Y aún así, me habéis venido a verme.

- Alguien más tenía que convencerse de tu culpabilidad, y el futuro prior me pareció la persona adecuada para ello.

- Vaya... qué lástima. Di instrucciones a mi escribano de que solo vinierais vos. Pero os habéis negado. Deseaba haceros morir tranquilo... en silencio. - Milenrrama sacó un láser del bolsillo, apuntó a Namo y disparó tres veces en la cara. Cuando quiso apuntar a Kin'Akhork, este, con la deformidad profesional de los años de entrenamiento militar como capsuleer, se había echado a un lado y, siguiendo las instrucciones de Namo, corrió hacia la puerta, donde se topó con el escribano.

- ¡Detenedle! - gritó Milenrrama señalándole. - ¡Ha asesinado al profeta y ha intentado asesinarme a mí también!

Kin'Akhork sacó su arma, disparó en dirección a Milenrrama sin llegar a darle mientras forcejeaba con Anmode. Kin'Akhork, viéndose atrapado, se revolvió, y, apuntando a Anmode al rostro, disparó, desembarazándose de él y corriendo hacia los muelles de la estación. Mientras corría, nadie parecía fijarse en él. Bien, aún no había cundido la alarma. Mantuvo el paso hasta que llegó al muelle, donde se detuvo para saludar, entregar las credenciales precisas, embarcar en la nave clase Dramiel que había preparado. Cuando por fin salía al espacio, saltó la alarma en la radio. Se avisaba a todas las unidades del fugitivo Kin'Akhork, terrorista, asesino del profeta, y posiblemente del Sumo Sacerdote. Kin'Akhork respiró hondo. Ahora que estaba en todos los canales de inteligencia, sería toda una odisea cumplir el propósito del profeta y salir de allí. Desplazando la indignación de tener que huir como un criminal sabiéndose inocente, se dirigió hacia Doril. Llegando al stargate, su radar indicó una nave clase Slicer que intentaba hacer contacto por radio. Kin'Akhork ignoró el aviso, y se apresuró a cruzar el stargate, al mismo tiempo que el Slicer. De nuevo, la radio solicitó establecer un canal privado de comunicación. Kin'Akhork, consciente de que ese podía ser el último momento de su viaje, y no teniendo nada que perder, estableció contacto.

- ¿Sí?

- Aquí el Seraphim.

- ¡Seraphim! Seraphim, le prometo que yo no...

- Silencio, Kin'Akhork. Conozco la situación. Namo me indicó que hoy necesitarías salir de Doril. He oído por la radio que lo has matado.

- No fui yo... fue Milenrrama! ¡Él...

- Muchacho, tranquilízate. No estoy aquí para juzgarte, sino para seguir las instrucciones que me ha dado Namo. Ve a la luna seis del planeta uno. Allí, mi Avatar te espera para sacarte de Doril, directo a Rahadalon. A partir de ahí estás sólo. Ahora, hazlo rápido, antes de que venga más gente.

(to be continued...)

NdA. Este relato forma parte de una serie de historias enlazadas titulada “El Sueño”. El orden adecuado para leerlas es:

- El Sueño: Viaje al corazón (publicado)

- El Sueño: República (publicado)

- El Sueño: Imperio (publicado)

- El Sueño: Utopía
· La Caída (publicado)
· Juicio

- El Sueño: Redención

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